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Cada vez más jubilados vuelven a trabajar porque sus ingresos no alcanzan

La necesidad de complementar los haberes previsionales empuja a una cantidad creciente de adultos mayores a mantenerse dentro del mercado laboral o a buscar una nueva fuente de ingresos. Changas, ventas informales, tareas domésticas, reparaciones y pequeños emprendimientos se convirtieron en alternativas habituales para afrontar los gastos mensuales.

Los datos reflejan la magnitud del fenómeno. Hacia finales de 2025, unas 686.160 personas mayores de 65 años trabajaban en los 31 principales aglomerados urbanos de la Argentina. Esa cifra representaba el 5,1% del total de ocupados y marcaba un incremento del 32,6% en comparación con 2016.

La participación laboral dentro de este grupo etario también alcanzó niveles históricos. La tasa de actividad se ubicó en el 18,9%, mientras que la tasa de empleo llegó al 18,1%. Los números muestran que trabajar después de cumplir la edad jubilatoria dejó de ser una situación aislada.

El escenario se vuelve más complejo al analizar las condiciones en las que se desempeñan. Durante el primer trimestre de 2026, el porcentaje de mayores de 66 años con empleos desprotegidos pasó del 3,8% al 7,7% interanual. En términos absolutos, la cantidad prácticamente se duplicó: subió de 19.700 a alrededor de 42.000 personas.

La insuficiencia de los ingresos previsionales aparece como uno de los principales factores detrás de esta realidad. En agosto de 2026, la jubilación mínima quedó fijada en $419.776. Con el bono extraordinario de $70.000, el ingreso total alcanzó los $489.776, mientras que el haber promedio del sistema se situó en $740.158.

Al mismo tiempo, el costo de vida continuó presionando sobre los presupuestos familiares. La Canasta Básica Total informada por el INDEC aumentó un 2% mensual en mayo y registró una variación interanual del 34,9%. Para los adultos mayores, además, existen gastos específicos vinculados con medicamentos, tratamientos, consultas médicas, alimentación especial, transporte y servicios esenciales.

La ayuda familiar tampoco siempre alcanza para cubrir esa diferencia. Muchos trabajadores activos atraviesan dificultades para llegar a fin de mes y tienen menos posibilidades de asistir económicamente a sus padres o abuelos. Frente a esa situación, algunos jubilados terminan recurriendo nuevamente al trabajo para sostener su vida cotidiana.

El deterioro también se observa en los niveles de pobreza. Durante el segundo semestre de 2025, el 9,7% de las personas de 65 años o más se encontraba por debajo de la línea de pobreza. Aunque la proporción continúa siendo menor que en otros sectores de la población, implica que casi uno de cada diez adultos mayores relevados no lograba cubrir sus necesidades básicas.

Continuar trabajando después de jubilarse puede ser una decisión personal cuando existen condiciones económicas adecuadas. Sin embargo, la situación cambia cuando la necesidad de generar un ingreso adicional responde a la imposibilidad de comprar alimentos, pagar servicios, adquirir medicamentos o mantener una vivienda calefaccionada.

El crecimiento del empleo entre los adultos mayores expone así una dificultad más profunda: después de décadas de aportes y trabajo, miles de argentinos todavía necesitan buscar una changa para completar el ingreso mensual y conservar un mínimo de autonomía.

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