Después de décadas vinculadas al Poder Judicial de Tierra del Fuego y de 23 años como integrante del Tribunal de Juicio en lo Criminal de Río Grande, Juan José Varela cerró una de las etapas más importantes de su vida profesional. Su último día de funciones fue previsto para el 27 de agosto y, pocos días antes, había participado de su último juicio. En una extensa entrevista con Radio Provincia, repasó su trayectoria, habló del desgaste emocional que implica administrar justicia y dejó una profunda reflexión sobre la evolución y los desafíos que enfrenta el sistema judicial fueguino.
Varela atravesó diferentes funciones a lo largo de su carrera. Fue defensor, fiscal, juez de Familia y posteriormente integró durante 23 años el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Río Grande. Ese recorrido le permitió conocer distintas caras del Poder Judicial y acompañar buena parte de su desarrollo institucional desde los primeros años de la provincia.
Su despedida no estuvo marcada únicamente por el repaso de cargos, expedientes y años de servicio. Durante la conversación, el magistrado mostró una faceta profundamente personal y reconoció que, con el paso del tiempo, comenzó a sentir con mayor intensidad las consecuencias que una decisión judicial puede provocar sobre las personas involucradas.
El peso de dictar una sentencia
Uno de los momentos más significativos de la entrevista llegó cuando Varela explicó que durante su última etapa dentro del Tribunal comenzó a resultarle cada vez más difícil asumir emocionalmente sus propios fallos.“Hubo toda una época que no me daba cuenta de todo lo que significaba. Y ya en esta última etapa, cada decisión, era como que se desteñía, como que se rompía. No era lindo”, reconoció.
Para el ahora exmagistrado, detrás de una sentencia existe mucho más que la aplicación estricta de una norma. Están las víctimas, los acusados, sus familias y las consecuencias que una resolución puede generar durante años.
“Tenía que entender lo que era la pena, el daño que se causa a todo el mundo. Nadie queda conforme con nada”, manifestó. Y reconoció que ese peso fue haciéndose cada vez más difícil de sostener: “Esa es la angustia. Y eso no lo soporté más. No lo soporto más. Lo voy a extrañar”.
Las palabras de Varela mostraron una dimensión que pocas veces queda expuesta públicamente: el impacto que también puede producir sobre un juez la obligación permanente de decidir sobre situaciones que modifican la vida de otras personas.
“No hay ningún caso simple”
Durante 23 años en el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Río Grande, Varela intervino en numerosos procesos penales. Sin embargo, rechazó establecer una división entre causas simples y complejas.“No hay ningún caso simple. Complejos son todos”, aseguró durante la entrevista con Radio Provincia.
Según explicó, independientemente de la repercusión pública de un expediente, un juez debe reconstruir las circunstancias que llevaron a una persona a determinada conducta, interpretar las pruebas y finalmente encuadrar jurídicamente los hechos.
“Estamos hablando de conductas humanas, que hay que descubrirlas, hay que objetivizarlas, y después hay que calificarlas”, sostuvo.
Al recordar algunos de los procesos que dejaron una marca particular en su carrera, mencionó una causa que involucró a una autoridad acusada de delitos sexuales. Varela explicó que aquel expediente lo obligó a estudiar profundamente las características de esos delitos, sus conceptos y los límites de cada figura jurídica.
Diez años que cambiaron su mirada sobre la familia
Antes de instalarse durante más de dos décadas en el ámbito penal, Varela también tuvo una extensa experiencia como juez de Familia. Paradójicamente, reconoció que inicialmente no era un área del derecho que despertara su interés.“Juez de familia no me gustó mucho”, admitió durante la entrevista. También reconoció que nunca había tenido una especial inclinación por el derecho civil.
Sin embargo, la experiencia terminó transformando su mirada. “Tuve que aprender, y lo aprendí. Y me encantó”, expresó.
Aquellos diez años le permitieron conocer de cerca conflictos familiares, situaciones relacionadas con adolescentes y problemas dentro de las parejas. Según recordó, terminó siendo una etapa particularmente enriquecedora de su trayectoria.
“Descubrí la familia, descubrí el adolescente, descubrí los problemas conjugados de cerca”, señaló al describir aquel período.
Su balance sobre el Poder Judicial de Tierra del Fuego
Varela también realizó una evaluación del funcionamiento de la Justicia provincial, una institución a la que estuvo vinculado desde sus primeros tiempos.Consultado directamente sobre los aspectos positivos y negativos que pudo observar a lo largo de los años, destacó especialmente la intención permanente de introducir modificaciones y actualizar conocimientos.
“Lo que veo de bueno es que siempre está buscando un cambio. Está buscando mejorar”, afirmó.
En ese sentido, destacó el papel que cumplen las escuelas judiciales y las instancias de capacitación destinadas tanto a magistrados como a empleados.
Varela sostuvo además que esa formación debe terminar reflejándose en la atención que recibe la comunidad, aunque reconoció que la relación entre las personas y los tribunales es naturalmente compleja.
“La gente, cuando va a tribunales, nunca se va contenta”, señaló, recordando que una persona generalmente llega al sistema judicial atravesando algún tipo de conflicto o situación angustiante.
Pese a las críticas y las cuestiones pendientes, dejó una valoración positiva sobre la capacidad de evolución de la Justicia provincial.
“Nunca se quedó atrás, Tierra del Fuego. Siempre fue buscando, o busca, la mejor forma”, aseguró.
Los cambios pendientes en la Justicia fueguina
El magistrado también habló sobre las transformaciones que todavía considera necesarias dentro del sistema judicial. Uno de los principales puntos mencionados fue la actualización de los códigos procesales y la implementación de nuevos modelos para desarrollar los juicios.Varela explicó que los magistrados trabajan con normas sancionadas previamente por los legisladores y que la manera en la que deben llevar adelante los procesos está determinada por esos códigos.
En ese contexto, destacó la transición hacia un sistema adversarial, un modelo caracterizado por una mayor oralidad y publicidad de las audiencias.
“Todavía no terminan de implementar los sistemas adversariales, que son diferentes a los inquisitivos”, señaló.
Para Varela, Tierra del Fuego se encuentra justamente atravesando ese proceso de transformación.
“Nosotros estamos en el cambio, justo en el medio. Tenemos que decidir qué es lo que vamos a hacer. Y estamos en eso. En la búsqueda”, afirmó.
Egos, poder y decisiones dentro de la Justicia
Otro de los momentos interesantes de la entrevista surgió cuando fue consultado sobre el componente humano dentro del propio Poder Judicial: los egos, las relaciones personales, el poder y las situaciones que pueden presentarse dentro de cualquier institución estatal.Varela reconoció que durante tantos años naturalmente observó situaciones que no compartía. Sin profundizar en nombres ni episodios particulares, dejó una reflexión sobre la responsabilidad individual frente a esos escenarios. “Uno elige”, sostuvo.
La respuesta sintetizó su posición sobre la necesidad de que cada funcionario determine qué conductas está dispuesto a acompañar y de cuáles prefiere mantenerse apartado.
La importancia de mantenerse actualizado
Los cambios sociales también fueron parte central de su trayectoria. Al hablar sobre derechos humanos, perspectiva de género y las nuevas miradas incorporadas progresivamente al ámbito judicial, Varela aseguró que siempre intentó mantenerse actualizado.“Soy un gran lector. Tengo una biblioteca muy generosa. Y siempre estoy actualizado”, contó.
A lo largo de su carrera realizó numerosos cursos y diplomaturas, una práctica que considera fundamental para cualquier persona que ejerza funciones dentro de la Justicia.
Para Varela, los magistrados no pueden permanecer ajenos a las transformaciones que experimenta la sociedad. La legislación, las interpretaciones jurídicas y las propias relaciones humanas cambian, y eso obliga a una capacitación permanente.
El consejo para quienes quieren convertirse en jueces
Precisamente, cuando desde Radio Provincia le preguntaron qué consejo le daría a un abogado joven que aspira a convertirse algún día en juez, su respuesta fue inmediata.“Que no deje de estudiar nunca”, afirmó.
Pero también dejó en claro que los conocimientos técnicos no son suficientes para medir la calidad de una persona que ocupa un cargo judicial.
Varela utilizó una comparación sencilla y muy vinculada con la realidad cotidiana de Tierra del Fuego: “Depende de cómo te saludan en el supermercado”.
La frase apunta directamente al vínculo entre quienes administran justicia y la sociedad en la que viven. En ciudades como Río Grande, donde funcionarios judiciales, vecinos, comerciantes y trabajadores suelen compartir los mismos espacios, la conducta pública termina proyectándose también sobre la vida cotidiana.
“Acá no podés esconderte, si te conoce todo el mundo”, resumió Varela. Incluso recordó los tiempos en los que recorría la ciudad en bicicleta acompañado por su perro y adelantó que, con la llegada de su jubilación, tiene intención de volver a esa actividad.
Una aspiración que alguna vez estuvo presente
En la última parte de la entrevista también apareció una pregunta sobre aquello que pudo haber quedado pendiente dentro de su carrera judicial.Varela reconoció que alguna vez contempló la posibilidad de integrar el Superior Tribunal de Justicia de Tierra del Fuego.
“Siempre alguna vez pensé en ser el ministro del Superior”, recordó, asociando aquella posibilidad principalmente con la capacidad de contar con un mayor poder de decisión.
Sin embargo, no presentó aquella posibilidad como una frustración. Su balance estuvo mucho más relacionado con la experiencia acumulada durante décadas y con la tranquilidad de iniciar una nueva etapa fuera de los tribunales.
El final de una etapa histórica en Río Grande
La jubilación de Juan José Varela cierra una extensa trayectoria estrechamente vinculada con la construcción y evolución del Poder Judicial de Tierra del Fuego.Desde sus primeros pasos como defensor y fiscal, su experiencia de una década en Familia y posteriormente los 23 años dentro del Tribunal de Juicio en lo Criminal de Río Grande, su recorrido atravesó diferentes momentos de la historia judicial de la provincia.
Pero su despedida dejó fundamentalmente una reflexión sobre el costado humano de la Justicia. Después de tantos años dictando resoluciones, Varela reconoció que terminó comprendiendo cada vez con mayor profundidad que detrás de un expediente existen personas y que ninguna sentencia concluye simplemente cuando se firma un fallo.
Ese peso fue precisamente uno de los factores que marcaron sus últimos años de actividad y que ahora, con su jubilación, deja atrás.
Después de más de dos décadas juzgando algunos de los hechos más importantes ocurridos en Río Grande, Varela comienza una nueva etapa lejos del Tribunal. Y entre todas las definiciones que dejó durante su despedida, quizás una de las más simples resuma su concepción sobre lo que significa ocupar un lugar dentro de la Justicia fueguina: la verdadera evaluación de un juez también puede encontrarse fuera de los tribunales, en la manera en que los vecinos lo reciben cuando vuelven a cruzarlo en las calles de la ciudad.
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