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Alquilar y vivir en Tierra del Fuego: cuánto necesita hoy una familia para llegar a fin de mes

Conseguir una vivienda en Tierra del Fuego se convirtió en uno de los principales desafíos para las familias que dependen de un salario. El problema ya no pasa solamente por encontrar una propiedad disponible, sino por poder pagar el alquiler y sostener, al mismo tiempo, el resto de los gastos básicos del mes.

La postal de las ciudades fueguinas empieza a mostrar un cambio: cada vez se observan más viviendas con carteles de venta o alquiler, mientras miles de familias sin casa propia deben afrontar alquileres, alimentos, servicios y transporte con ingresos que no crecen al mismo ritmo.

En la provincia, los departamentos en alquiler parten de valores cercanos a los $500.000, mientras que el promedio informado para este tipo de unidades ronda los $822.659 mensuales. En Ushuaia, algunas propiedades de dos ambientes se ubican cerca de los $875.000, y departamentos de dos dormitorios pueden llegar a $1,2 millones.

En Tolhuin, donde la oferta inmobiliaria es más limitada, también se encuentran alquileres alrededor de los $550.000. Aunque el valor puede parecer menor frente a otras ciudades, la falta de propiedades disponibles convierte la búsqueda en un problema adicional.

En Río Grande, el mercado tampoco ofrece demasiado margen. El sector inmobiliario advierte sobre un escenario saturado por el aumento de propiedades disponibles y relaciona parte de ese fenómeno con familias que se van de la provincia ante la pérdida de empleo. Aun así, alquilar sigue representando varios cientos de miles de pesos por mes, antes de sumar expensas, servicios y otros gastos asociados a la vivienda.

El peso del alquiler se vuelve más evidente cuando se lo compara con el costo de vida. El INDEC estableció para mayo de 2026 una Canasta Básica Total de $1.498.741 para una familia tipo de cuatro integrantes en el Gran Buenos Aires. Sin embargo, esa referencia no puede trasladarse de manera directa a Tierra del Fuego, donde los precios y el costo de la vivienda suelen ubicarse por encima de los promedios nacionales.

De hecho, relevamientos locales estimaron que una familia tipo fueguina necesitaba más de $2,4 millones para no quedar por debajo de la línea de pobreza. En ese contexto, destinar $700.000, $800.000 o incluso más de $1 millón únicamente al alquiler deja un margen muy reducido para cubrir alimentación, servicios, transporte, salud, educación y otros gastos cotidianos.

Las tres ciudades fueguinas tienen realidades distintas, pero comparten el mismo problema: la vivienda se volvió un gasto determinante dentro del presupuesto familiar. En Ushuaia, la presión de la demanda y la oferta limitada empujan los valores hacia arriba. En Río Grande, la demanda habitacional y la falta de soluciones accesibles dificultan el acceso. En Tolhuin, el obstáculo no es solo pagar, sino encontrar una vivienda disponible.

El impacto se traduce en situaciones cada vez más frecuentes: familias que comparten vivienda, jóvenes que postergan independizarse, trabajadores que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler y hogares que recurren al crédito o al endeudamiento para llegar a fin de mes.

El alquiler, además, no es el gasto final. Después llegan la luz, el gas, internet, telefonía, impuestos, transporte, alimentos, medicamentos, ropa y todos los consumos necesarios para sostener la vida diaria.

Por eso, hablar solo del precio de un departamento puede ocultar una realidad más profunda. Una familia no necesita ganar únicamente lo suficiente para pagar el alquiler; necesita ganar lo suficiente para pagar el alquiler y seguir viviendo después de pagarlo.

La discusión sobre vivienda en Tierra del Fuego ya no puede limitarse a cuántas casas se construyen o cuántos terrenos se entregan. También debe preguntarse cuántas familias tienen ingresos suficientes para acceder al mercado inmobiliario actual sin quedar atrapadas en el endeudamiento.

Cuando el alquiler absorbe una parte sustancial del salario, cualquier aumento en alimentos, servicios o transporte puede desestabilizar todo el presupuesto familiar. Y cuando los ingresos no acompañan ese ritmo, la consecuencia aparece rápidamente: menos consumo, más deuda y familias que empiezan a resignar necesidades básicas para conservar un techo.

En una provincia donde el costo de vida históricamente estuvo por encima del promedio nacional, el acceso a la vivienda vuelve a ubicarse en el centro de la preocupación social. La pregunta que queda abierta es concreta: ¿cuánto tiene que ganar hoy una familia fueguina para poder alquilar, comer y vivir sin endeudarse?

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