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Científicos argentinos estudian hongos antárticos con propiedades sorprendentes

Las condiciones extremas de la Antártida convirtieron a sus hongos en organismos de creciente interés para la ciencia. Su capacidad para sobrevivir a temperaturas muy bajas, intensa radiación ultravioleta y escasa disponibilidad de nutrientes les permitió desarrollar sustancias y enzimas con características que podrían tener aplicaciones farmacéuticas, cosméticas, alimentarias y ambientales.

Un trabajo elaborado por investigadores argentinos del NANOBIOTEC UBA-CONICET, el Instituto Antártico Argentino, la Universidad Nacional de San Martín y la UMYMFOR analizó el potencial de estos microorganismos y reunió evidencias sobre compuestos con propiedades antioxidantes, antimicrobianas, antiinflamatorias y fotoprotectoras. La investigación fue difundida el 1 de septiembre y destaca especialmente las posibilidades que ofrece la denominada “biotecnología fría”.

Uno de los aspectos más prometedores está relacionado con las enzimas producidas por estos hongos. Lipasas, proteasas y amilasas pueden mantener su actividad a temperaturas inferiores a los 20 grados, una característica que permitiría desarrollar procesos industriales con menor consumo de energía y reducir la exposición al calor de sustancias sensibles.

Estas propiedades podrían ser aprovechadas en la fabricación de medicamentos, cosméticos, alimentos y detergentes, además de utilizarse en procesos destinados a la recuperación de ambientes contaminados. El NANOBIOTEC lleva adelante desde hace años investigaciones orientadas precisamente a estudiar microorganismos de ambientes fríos y evaluar su utilización en diferentes desarrollos biotecnológicos.

Entre los antecedentes científicos aparece un hongo del género Arthrinium obtenido de una macroalga antártica. Los metabolitos producidos por este microorganismo mostraron capacidad para absorber radiación ultravioleta y disminuir el daño oxidativo en células y modelos de piel humana, sin presentar toxicidad durante las pruebas analizadas.

También fueron identificadas sustancias capaces de actuar contra bacterias, levaduras, hongos patógenos y determinados microorganismos resistentes. Otro caso destacado corresponde a Penicillium nalgiovense, aislado del suelo de un antiguo nido de pingüinos, que produjo anfotericina B, un conocido compuesto antifúngico.

Sin embargo, trabajar con enzimas adaptadas al frío presenta dificultades. La misma flexibilidad estructural que les permite funcionar a bajas temperaturas suele hacerlas menos resistentes cuando aumenta el calor. Los investigadores plantean que herramientas como la ingeniería de proteínas y técnicas de inmovilización podrían mejorar esa estabilidad y ampliar sus posibilidades de utilización industrial.

Existe, de todos modos, un antecedente que demuestra que el potencial comercial de los microorganismos antárticos puede trascender los laboratorios. La lipasa B asociada a Moesziomyces antarcticus, conocido históricamente como Candida antarctica, terminó convirtiéndose en la base de biocatalizadores utilizados internacionalmente en diferentes procesos productivos.

El avance de estas investigaciones también abrió una discusión que excede el ámbito científico: quién puede explotar comercialmente los recursos genéticos obtenidos en la Antártida y cómo deberían distribuirse los beneficios económicos.

El Sistema del Tratado Antártico protege la cooperación científica y establece pautas para la actividad desarrollada en el continente, pero los especialistas señalan que todavía resulta necesario avanzar en reglas específicas sobre la bioprospección y el aprovechamiento comercial de recursos genéticos. El reciente trabajo argentino también coloca este debate entre los principales desafíos vinculados con el desarrollo de la biotecnología antártica.

Para los investigadores, los hongos que lograron adaptarse durante miles de años a uno de los ambientes más hostiles del planeta representan una reserva biológica todavía poco explorada. Sus mecanismos de supervivencia podrían terminar ofreciendo nuevas herramientas para la industria, la medicina y el cuidado ambiental, al mismo tiempo que plantean la necesidad de definir cómo será aprovechado y protegido ese patrimonio científico.

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