La amenaza del binomio Super Étendard–AM39 Exocet condicionó la planificación británica durante todo el conflicto de 1982. Contra ella se concibieron sucesivas operaciones de fuerzas especiales, todas dirigidas a un mismo fin material: destruir los aviones y sus misiles antes de que pudieran volver a emplearse contra la Fuerza de Tareas.
PLUM DUFF fue la fase de reconocimiento. Una patrulla del SAS (Special Air Service, las fuerzas especiales del Ejército Británico) debía ser insertada por helicóptero en Tierra del Fuego para observar Río Grande e informar sobre las defensas, la disposición de los aviones y las condiciones del terreno. El Sea King que la trasladó en la noche del 17 al 18 de mayo terminó incendiado por su propia tripulación en las cercanías de Punta Arenas, y el reconocimiento nunca llegó a concretarse.
Un C-130K Hercules del 47 Squadron RAF (matrícula XV294), poco antes de la guerra de 1982El concepto era considerablemente más sobrio: frente a los dos Hércules y los setenta hombres de MIKADO, la fase aérea de IMPI se apoyaba en un único Hércules de la Royal Air Force.
El avión debía despegar de la isla Ascensión, reabastecerse en vuelo y navegar hacia el sur siguiendo una derrota que lo llevaría al este de las islas Malvinas y luego al sur del Cabo de Hornos, antes de iniciar una aproximación a muy baja cota, por debajo de la cobertura del radar argentino, para un aterrizaje nocturno de personal de fuerzas especiales en los aeródromos designados con los nombres en clave “San José” o “Arco Iris”.
El Hércules ingresaba desde la dirección menos cubierta por la vigilancia argentina y desde la que menos se lo esperaba. El costo de esa maniobra era la autonomía, y de ahí la dependencia absoluta del reabastecimiento en vuelo.
La identidad de “San José” y “Arco Iris” no está establecida en la documentación desclasificada. Todo indica, sin embargo, que se trataba de Río Grande y Río Gallegos, los aeródromos en los que terminaba la navegación planeada. Tratándose de un documento que en junio de 1982 seguía circulando por canales restringidos, encriptar el nombre de los dos blancos era una precaución elemental.
Submarino nuclear de ataque HMS Conqueror, regresando a puertoEl palmarés de esa unidad explica por qué era la única candidata posible.
Ya en marzo de 1982, antes de la guerra, una de sus tripulaciones había infiltrado un equipo del SAS en la base de Laarbruch durante un ejercicio de la propia estación. Con el conflicto en marcha, la puesta a punto fue vertiginosa: bajo el nombre de Ejercicio PURPLE DRAGON, dos Hércules totalmente oscurecidos se posaron al amanecer del domingo de Pascua sobre una desprevenida base de Kinloss, tras aproximarse en formación a baja cota, descargaron tropas y vehículos en puntos precisos de la pista y despegaron de inmediato; los ensayos se repitieron luego en Marham y en Binbrook.
A esa cultura de vuelo se sumó, en pocas semanas, la capacidad de alcance. La salida del 16 de mayo que lanzó a la patrulla de PLUM DUFF sobre el Fort Austin fue la primera operativa de un Hércules con reabastecimiento en vuelo: 3.150 millas náuticas hasta el punto de lanzamiento, veinticuatro horas y cinco minutos en el aire y dos Victor K2 que le transfirieron unas 35.000 libras de combustible a 1.800 millas de Ascensión. Sin esa demostración, IMPI no habría sido siquiera formulable.
El 47 Squadron conservaría el rol de apoyo aéreo a las fuerzas especiales británicas durante las décadas siguientes: en 1982 no se improvisaba nada, se empleaba a la única unidad que llevaba años haciéndolo.
Foto 3: Submarino convencional clase Oberon HMS Onyx, navegando en superficie.El 9 de junio de 1982 el Conqueror se hallaba frente a Bahía Camarones, cumpliendo funciones de piquete adelantado y a la búsqueda de blancos de oportunidad que salieran de las doce millas náuticas de aguas territoriales argentinas, con autorización para hundir cualquier buque civil que se estimara en tránsito hacia Malvinas; esa misma mañana incluso había ingresado a las aguas territoriales argentinas intentando localizar al Grupo de Tareas 79.2 de la Armada Argentina.
Ese día recibió información preparatoria sobre IMPI. Su cometido consistiría en pasar a plano periscópico y actuar como radiobaliza, ofreciendo al Hércules una referencia radioeléctrica sobre la cual afinar una navegación que, a baja cota y de noche, no admitía errores.
La imagen resultante es insólita: un submarino nuclear desplegado en misión de interdicción frente a la costa patagónica, convertido en ayuda a la navegación de un avión de transporte.
La inserción marítima quedaba a cargo del HMS Onyx, submarino convencional que ya había participado en la Operación KETTLEDRUM. El 14 de junio, a las 0815Z, mientras se encontraba en San Carlos, el Onyx embarcó una partida de comandos del B Squadron del SAS y del SBS (estos últimos, comandos de los Royal Marines, totalizando entre ambas fuerzas diez hombres) para participar en la misión.
La idea era que el submarino emergiera a unas dos millas náuticas de la costa, de noche. Las tropas especiales usarían botes Gemini para acercarse y destruir su objetivo (aviones y misiles, si los hubiera) con armas antitanque y explosivos.
Un avión Super Étendard, armado con un misil Exocet, en la base Río GrandeAun así, los preparativos no se detuvieron de inmediato: el 15 se realizaron desembarcos de ejercicio mediante un bote Gemini. No significa que IMPI haya llegado a ejecutarse —no lo hizo—, pero sí que, con el resultado estratégico ya decidido, la maquinaria seguía ensayando.
El propio documento británico consigna el desenlace con sequedad administrativa: la rendición de las fuerzas argentinas en las islas y el cese de las actividades hostiles de la aviación argentina determinaron la cancelación de la operación.
Conviene advertir que todo lo anterior se reconstruye a partir de referencias laterales: la narrativa histórica de la RAF conservada en AIR 20/13036, los registros de las unidades aéreas, los diarios de los submarinos y las pocas referencias de los testigos.
El expediente específico, que contiene el plan completo con sus anexos, la identificación de los aeródromos y la secuencia de ejecución, permanece cerrado. Se trata del legajo DEFE 71/980, cuya carátula reza “Operation Corporate (Falklands Conflict): Operation IMPI” retenido en los National Archives de Kew (cerca de Londres) sin fecha prevista de apertura.
Cuarenta y cuatro años después del conflicto, la última operación especial británica de la guerra sigue siendo, en lo esencial, un documento que el Estado británico no está dispuesto a mostrar. La circunstancia no es menor: los expedientes vinculados a la cooperación con Santiago han sido, sistemáticamente, los de apertura más renuente.
Queda, entonces, una pieza que no es una variante de MIKADO sino una respuesta distinta al mismo problema. Donde aquella había apostado por la masa —dos aviones, setenta hombres, asalto directo sobre la pista enemiga—, IMPI apostaba por la discreción: un solo avión, un rodeo por el este de Malvinas y el sur del Cabo de Hornos, una toma nocturna en pistas designadas sólo por sus nombres en clave, un submarino nuclear haciendo de baliza y un submarino convencional desembarcando al resto de la partida.
Es, además, el testimonio de una obsesión. Entre el 4 y el 14 de junio de 1982, mientras se libraba la batalla final por Puerto Argentino y el desenlace terrestre se precipitaba, parte del esfuerzo de planeamiento británico seguía girando alrededor de cinco aviones franceses y sus diez tripulantes.
Que el plan llevara fecha del mismo día de la rendición, que se lo siguiera ensayando al día siguiente y que todavía hoy se conserve cerrado en Kew dice bastante sobre hasta dónde estaban dispuestos a llegar para destruir a los Super Étendard y los misiles Exocet.
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