El presidente de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garófalo, advirtió sobre el fuerte deterioro que atraviesa la actividad textil y aseguró que, en Tierra del Fuego, la crisis se profundizó por la caída del consumo, el crecimiento de las importaciones y la incertidumbre generada alrededor del Decreto 594.
En diálogo con FM Del Pueblo, el dirigente explicó que el escenario nacional combina distintos factores que afectan directamente a la producción. “Por un lado, la caída de consumo. Por otro lado, el incremento de la oferta que viene de importación. La irrupción de estas plataformas que hoy se están llevando, por ejemplo, en confección, ya se calcula que el 40 por ciento del mercado la tienen estas plataformas, las chinas básicamente”, señaló.
A ese panorama sumó las dificultades de la industria nacional para competir con los valores de los productos importados. “Hoy eso obviamente es imposible de sostener. También hay que reconocer que a los precios que llega la mercadería del exterior es muy difícil llegar”, afirmó.
Garófalo sostuvo que una eventual recuperación requiere una combinación de medidas y no una única respuesta. “Se tendrían que dar una serie de factores en forma conjunta que es difícil que suceda todo en el mismo plazo y mucho menos en el corto plazo”, explicó.
Entre esos puntos mencionó una recuperación del poder adquisitivo, mejoras en productividad y mecanismos que permitan enfrentar prácticas de comercio exterior que, según planteó, colocan a la producción argentina en una situación desfavorable.
El impacto en Tierra del Fuego
En el caso fueguino, Garófalo recordó que las empresas textiles atravesaron un período prolongado de incertidumbre regulatoria. “Nos dejaron afuera y estuvimos dos años en el limbo”, afirmó.
Luego, la aparición del Decreto 594 permitió cierta continuidad, aunque el dirigente cuestionó la falta de reglamentación posterior. “Finalmente, la falta de reglamentación de ese decreto hizo que durante determinado período de las autoridades que estaban en la Secretaría de Industria de la Nación se pretendiera avanzar de una forma bastante desprolija sobre nuestras empresas, exigiendo e interpretando el 594 de una forma realmente insólita”, sostuvo.
Según indicó, esa situación se sumó al deterioro general de la actividad y terminó afectando directamente al empleo. “Esta incertidumbre, sumada a todo lo que tratamos antes, hace que las empresas textiles, en Tierra del Fuego, hayan dejado de operar, quedan muy poquitas hoy, y con respecto al punto de máxima ocupación, se hayan perdido alrededor de 800, 850 puestos de trabajo”, precisó.
El titular de CAFIN también señaló que las fábricas que continúan en actividad trabajan muy por debajo de su capacidad. “Hoy tienen una capacidad ociosa, y en algunos casos, del 80 por ciento”, afirmó.
Reconversión, pero con plazos
Garófalo reconoció que la industria necesita atravesar un proceso de transformación, aunque rechazó que esa reconversión pueda concretarse de manera acelerada.
“La reconversión de algunas industrias, que esto es necesario, se ha dado en todo el mundo, incluida la textil, pero ha llevado plazos que van entre los 10 y los 20 años”, explicó.
En esa línea, remarcó: “No se puede lograr esto en tres años”.
Para el dirigente, uno de los principales problemas es la ausencia de herramientas concretas para acompañar ese proceso. “No ha habido ninguna señal concreta para ayudar, para, de alguna manera, guiar esa reconversión”, señaló.
Por eso reclamó una instancia de diálogo que permita discutir el futuro del sector sobre condiciones previsibles. “Problemas en serio, sentémonos, vemos cómo hacemos para reconvertir la industria fueguina, pero sobre bases ciertas, y no dejando un tendal en el camino”, planteó.
“Sin reglas claras ni incertidumbre, nadie invierte”
Otro de los ejes señalados por Garófalo fue la falta de previsibilidad para sostener inversiones en tecnología y actualización productiva. “Sin reglas claras ni incertidumbre, nadie invierte”, afirmó.
También consideró que la industria argentina debe mejorar su productividad, aunque advirtió que esa discusión no puede separarse de la presión impositiva y de los costos energéticos.
“La industria en general en Argentina necesita apuntar a una mayor productividad, porque tampoco es razonable que se viva pendiente de una protección arancelaria y someter al consumidor a precios que son disparatados con lo que se consigue en otros países”, sostuvo.
Sin embargo, agregó que “el gobierno no es ajeno en cuanto a su política fiscal, por cuanto la carga impositiva hay que reconocer que en Argentina es de las más altas del mundo”.
Sobre la eliminación de subsidios y la apertura de importaciones, consideró que el problema estuvo principalmente en la simultaneidad de las medidas. “Es algo que en algún momento había que hacer, pero hacerlo todo junto en el mismo momento con una política cambiaria muy restrictiva y liberalizando las importaciones, en nuestra opinión, ha sido demasiado en la forma que se ha aplicado en el tiempo”, expresó.
Finalmente, Garófalo pidió preservar parte de la estructura industrial construida durante décadas en Tierra del Fuego mientras se avanza en un proceso de transformación.
“Nosotros esperamos que en el caso particular de Tierra del Fuego y teniendo en cuenta el renovado interés geopolítico que hemos despertado, se mantenga cierto nivel de protección, aún entrando en esta fase de reconversión que estamos dispuestos a afrontar”, manifestó.
“Que mínimamente se nos permita conservar lo que se ha conseguido después de 50 años de vigencia del régimen”, reclamó.
Y concluyó: “Sería un disparate desperdiciar tanta inversión público-privada realizada a través del tiempo”.
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