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Alarma por la caída de la natalidad en Argentina: nacen cada vez menos chicos y peligra el equilibrio del sistema jubilatorio

Argentina atraviesa una transformación demográfica que comienza a encender señales de preocupación. En apenas nueve años, la cantidad de nacimientos se desplomó un 46%, un fenómeno que anticipa una sociedad con menos jóvenes, una población cada vez más envejecida y mayores dificultades para sostener las jubilaciones, el sistema de salud y el mercado laboral. Los especialistas advierten que el país dispone de poco tiempo para prepararse frente a un escenario que podría modificar profundamente su estructura económica y social.

El futuro de Argentina enfrenta un desafío que va mucho más allá de la disminución de la cantidad de bebés que nacen cada año. La combinación de una natalidad en retroceso y una esperanza de vida cada vez mayor amenaza con alterar el equilibrio entre quienes trabajan y quienes dependen económicamente de ellos. Esta situación podría traducirse, durante las próximas décadas, en una presión creciente sobre los recursos públicos, especialmente en materia previsional y sanitaria.

Las cifras permiten dimensionar la magnitud del problema. Mientras que en 2015 se contabilizaron 770.040 nacimientos, durante 2024 apenas se registraron 413.135. Esto significa que, en menos de una década, Argentina perdió alrededor de 357.000 nacimientos anuales. La tendencia tampoco mostró señales de recuperación respecto de 2023, cuando habían nacido 460.902 niños, según los datos difundidos durante el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva.

Uno de los aspectos más inquietantes es la velocidad con la que se produce esta transformación. La tasa de fecundidad argentina se ubica actualmente en torno a 1,2 hijos por mujer, considerablemente por debajo de los 2,1 necesarios para garantizar el reemplazo generacional sin considerar los movimientos migratorios. De mantenerse esta tendencia, las nuevas generaciones serán cada vez menos numerosas, mientras aumentará progresivamente la proporción de adultos mayores.

Menos trabajadores para sostener a una población envejecida

Las consecuencias económicas podrían resultar especialmente complejas para el sistema jubilatorio. Con menos personas incorporándose al mercado de trabajo y una mayor cantidad de ciudadanos alcanzando la edad de retiro, se profundizaría la presión sobre los mecanismos de financiamiento previsional. Esto no implica un colapso inevitable, pero sí la necesidad de introducir cambios para garantizar su sostenibilidad.

Los economistas Eduardo Levy Yeyati y Rafael Rofman advirtieron que Argentina todavía conservaría aproximadamente diez años de una situación demográfica relativamente favorable. Durante ese período, la proporción de habitantes en edad laboral continuaría ofreciendo oportunidades para impulsar el crecimiento económico. Sin embargo, ese margen comenzaría a agotarse a medida que las generaciones más pequeñas ingresen al mundo del trabajo.

El fenómeno, conocido como agotamiento del bono demográfico, ya comenzó a manifestarse en otros países de América Latina, entre ellos Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica. Argentina todavía cuenta con una oportunidad para anticiparse, aunque los especialistas coinciden en que las decisiones vinculadas con educación, productividad, inversión y empleo no pueden seguir postergándose.

El envejecimiento también obligará a revisar la organización del sistema sanitario. Una población con mayor expectativa de vida necesitará más servicios de atención médica, cuidados prolongados y asistencia especializada. Al mismo tiempo, la reducción de los nacimientos podría modificar la demanda educativa y la distribución de recursos destinados a escuelas y otros servicios públicos.

Una crisis silenciosa que también refleja las dificultades para formar una familia

Detrás de la disminución de nacimientos aparecen múltiples factores económicos, laborales y personales. Las dificultades para acceder a una vivienda, la incertidumbre sobre los ingresos, la inestabilidad laboral y la postergación de proyectos familiares forman parte de un escenario que influye sobre las decisiones reproductivas.

Durante el Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, Agustín Pasqualini, planteó la importancia de comprender las circunstancias que separan el deseo de tener hijos de las posibilidades reales de concretarlo.

En ese sentido, los especialistas consideran necesario ampliar el acceso a información sobre fertilidad y planificación reproductiva, sin que esto implique promover la maternidad o imponer decisiones personales. También remarcan que el paso del tiempo puede reducir las posibilidades biológicas de lograr un embarazo, especialmente a partir de la segunda mitad de los 30 años.

El país tiene una década para prepararse ante un cambio que parece irreversible

Frente a este panorama, la incorporación de nuevas tecnologías, la capacitación laboral y las inversiones productivas aparecen como herramientas fundamentales para compensar una eventual reducción de la población económicamente activa. Sin embargo, los investigadores advierten que la automatización y la inteligencia artificial no garantizarán por sí solas una solución si no están acompañadas por políticas de desarrollo e infraestructura.

Andrea Falcone, referente regional de The Shift, sostuvo que el desafío no consiste únicamente en reconocer que las personas viven más años, sino en adaptar las instituciones a una realidad para la cual no fueron diseñadas. La convivencia entre menos nacimientos y una población más longeva exigirá revisar las formas de trabajar, ahorrar, jubilarse y organizar los sistemas de protección social.

La preocupación principal radica en que Argentina podría ingresar a una etapa de envejecimiento acelerado sin haber resuelto problemas estructurales relacionados con la informalidad laboral, la productividad y el financiamiento de los servicios públicos.

La caída de la natalidad ya dejó de ser una simple estadística demográfica para convertirse en una advertencia sobre el futuro del país. Si no se adoptan medidas de largo plazo, Argentina podría enfrentar una sociedad con menos trabajadores, más jubilados y mayores exigencias económicas sobre una población activa cada vez más reducida. El tiempo disponible para anticiparse todavía existe, pero los especialistas advierten que esa oportunidad no será permanente.

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