Un Chevrolet Coupé modelo 1940, con volante a la derecha y líneas que remiten a otra época, se convirtió en el hogar sobre ruedas de una familia argentina que lleva más de un año y medio recorriendo el continente con una meta tan lejana como simbólica: llegar hasta Alaska.
Al mando del vehículo va Nahuel, acompañado por su pareja Florencia y su pequeño hijo Carlitos. Partieron desde Ushuaia y bautizaron su proyecto “Hasta Alaska”, una travesía que combina pasión por el automovilismo, historia y un fuerte espíritu familiar.
Durante su reciente paso por Rosario, donde hicieron escala en el balneario La Florida, compartieron su experiencia en diálogo con Cadena 3. Allí contaron que el viaje no es solo un desafío geográfico, sino también humano. “Lo que más nos sorprende es lo que genera el auto en la gente: sonrisas, charlas, historias. Eso es parte del motor del viaje”, relató Nahuel.
El vehículo no fue elegido al azar. Es una réplica restaurada por ellos mismos, inspirada en el Chevrolet con el que Juan Manuel Fangio ganó su primera carrera internacional en 1940, el histórico Gran Premio Buenos Aires–Lima. La restauración llevó años de trabajo, esfuerzo y un presupuesto muy ajustado.
La idea nació de dos pasiones que se cruzaron: la de Nahuel por los autos clásicos y las carreras, heredada de su padre, y el sueño de Florencia de fotografiar auroras boreales en Alaska. De esa combinación surgió una decisión que lo cambió todo: dejar trabajos, casa y rutina para lanzarse a la ruta.
El camino no fue sencillo. En el sur argentino enfrentaron temperaturas extremas, roturas mecánicas y falta de repuestos, incluso con registros de hasta -20°C en Santa Cruz. En más de una oportunidad, contaron, fue la ayuda de desconocidos la que les permitió seguir. “Muchas veces sentimos que aparece gente justa en el momento justo”, expresó Nahuel.
Tras llegar a Ushuaia, dieron vuelta el rumbo y comenzaron el ascenso hacia el norte del continente. Para financiarse, venden postales y fotografías artísticas tomadas durante el viaje, a aporte voluntario. Así logran cubrir combustible y mantenimiento de un auto que consume cerca de 25 litros cada 100 kilómetros.
Actualmente, la familia se prepara para continuar hacia Córdoba y luego Perú, siguiendo parte del recorrido de aquella mítica carrera de 1940. Viajan sin plazos fijos, priorizando los pueblos, las historias y los encuentros, reviviendo el espíritu de las viejas rutas que unieron América.
Quienes se crucen con este singular Chevrolet no solo verán un auto antiguo: encontrarán una familia que decidió convertir la ruta en su hogar y a Alaska en su horizonte.
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