El sector textil atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años y la situación comienza a sentirse con mayor fuerza en Tierra del Fuego. El secretario General del SETIA, Rodrigo Cárcamo, advirtió que la actividad fabril enfrenta una recesión persistente, marcada por la baja del consumo, la pérdida de empleo y el deterioro del entramado productivo.
Según explicó el dirigente, la caída del poder adquisitivo de los trabajadores, que estimó cercana al 40%, golpea directamente sobre la demanda interna y termina agravando la parálisis de la industria. En ese contexto, sostuvo que a nivel nacional ya se perdieron alrededor de 14 mil puestos formales dentro del circuito textil.
Cárcamo señaló que la combinación entre menor consumo y apertura o desregulación aduanera profundiza las dificultades para las empresas que aún continúan funcionando. De acuerdo con su análisis, los próximos meses serán especialmente complejos, ya que muchas firmas deberán atravesar el invierno sin una demanda suficiente que les permita sostener su rentabilidad.
El referente gremial aseguró que las plantas textiles producen actualmente un 25% menos que durante la etapa de restricciones por la pandemia, un período que ya había sido crítico para el sector. En Tierra del Fuego, indicó que la cantidad de operarios se redujo de manera drástica y que hoy quedarían apenas unos 250 trabajadores en actividad, lo que representa una pérdida superior al 60% de la fuerza laboral en el último año y medio.
El escenario, afirmó, incluso supera en gravedad a la crisis de 2001. Recordó que en aquel momento las fábricas redujeron jornadas laborales, pero lograron mantenerse abiertas, mientras que ahora el panorama incluye cierres, achicamientos y una ocupación en mínimos históricos. Además, advirtió que algunas empresas del continente ya evalúan aplicar nuevas modalidades vinculadas al banco de horas y a cambios en los esquemas de despidos.
La falta de empleo también empieza a generar consecuencias sociales. Cárcamo indicó que muchos trabajadores con años de trayectoria comenzaron a regresar a sus provincias de origen, mientras otros intentan buscar ingresos temporales en Chile, aunque con dificultades administrativas y documentales. Para el gremio, la ausencia de medidas de asistencia o contención oficial deja al sector en una situación de extrema vulnerabilidad, con perspectivas muy negativas para lo que resta del año.
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