No lo nieguen, todos extrañamos despertar y encontrar bajo el árbol regalos que esperábamos con ansías. De hecho, seguimos suspirando nada más de recordar todo el proceso: Desde escribir la carta hasta esperar -bajo las sábanas- su llegada. Esto es lo que nos gustaría vivir de nuevo:
PUBLICIDAD
inRead invented by Teads
1.- Hacer la carta
No podía faltar la lista de deseos en la que explicábamos qué queríamos obtener ese año; por supuesto, siempre describiendo todo lo bien que nos habíamos portado los últimos meses.
2.- El globo
Atar tu carta en un globo con helio y mandarla a que surcara los cielos (rogando que llegara a manos de estos seres mágicos) es sin duda algo que siempre recordaremos con melancolía.
3.- Poner los zapatos debajo del árbol
Era de ley. Si no colocábamos al menos uno de ellos, los Reyes nos dejarían sin regalo (o al menos eso nos dijeron nuestros papás y en esa edad no éramos nadie como para no creerles). No sabíamos por qué, pero los poníamos, para no arriesgar.
4.- La recompensa a los Reyes
Melchor, Gaspar y Baltazar eran recibidos con agua y pequeñas galletas para que se alimentaran después del largo trayecto que habían recorrido ellos y sus animales.
5.- No poder dormir
Esa sensación en el estómago (reflejo de la emoción para muchos) era tal que no podíamos dormir.
6. Levantarse en la madrugada
Después de las 12:00, algunos acostumbrábamos a revisar el árbol cada par de horas, en busca de nuestros regalos. Encontrarlos en una de esas escapadas furtivas era la mejor recompensa.
7.- La captura de los Reyes Magos
¿Quién no intentó permanecer despierto toda la noche, espiando el árbol, la puerta, la ventana? No hay niño en el mundo que no haya querido atraparlos con las manos en la masa. Sin embargo, al final la captura era fallida: terminábamos jetones.
8.- La reunión con los amigos del barrio
Una de las primeras cosas que hacías una vez que salía el sol era salir a ver los regalos de los demás, compartir los tuyos y jugar con los de otros.
9.- Jugar todo el día
No importaba qué clase de regalo tuviéramos enfrente, nuestra imaginación comenzaba a trabajar. Aunque para muchos todo se trataba de \"el regalo que pedimos, el que nos trajeron\", aún sí nos dedicábamos a jugar todo el día hasta caer rendidos.
10.- La gloriosa Rosca de Reyes
Después de una intensa jornada de juego, podíamos comer un pedazo de la deliciosa rosca y beber la siempre deliciosa taza de chocolate. Lo malo es que éramos fans de la costra de azúcar y siempre nos terminaba tocando el muñequito. Lo malo: la tamaliza; lo bueno: la responsabilidad recaía en tus padres.
Compartinos tu opinión