Después de más de 30 años vinculado a la medicina veterinaria, José Luis Osella decidió modificar por completo su rutina. A los 54 años cerró el local que tenía en Mar de Ajó, convirtió una camioneta en su nuevo hogar y comenzó un viaje por la Argentina sin establecer una fecha para regresar.
La aventura comenzó el 29 de junio, cuando partió rumbo al norte del país a bordo de una Ford Ranger 2019. Eligió esa dirección para evitar las nevadas y las bajas temperaturas del invierno patagónico. Su recorrido incluyó una parada en La Pampa para visitar a su hija Martina y luego continuó por Córdoba, con la intención de conocer también San Luis, Entre Ríos y otras provincias.
El vehículo lleva montado un cámper artesanal llamado “Refugio Orión”, diseñado y construido íntegramente por José. Se trata de una pequeña cabaña de madera con techo a dos aguas, amplios ventanales y una estructura que pesa alrededor de 1.500 kilos.
La idea surgió durante una estadía en Mallorca, España, donde compartió un tiempo con uno de sus hijos. Mientras proyectaba nuevos viajes, comenzó a imaginar la posibilidad de dejar de depender de hoteles y campings para contar con un espacio propio en cada destino.
Al regresar al país investigó diferentes modelos de casas rodantes, aunque finalmente descartó comprar una terminada. Sin planos, arquitectos ni programas de diseño, comenzó a trabajar a partir de una imagen que había formado en su cabeza. Con herramientas básicas y conocimientos adquiridos de manera autodidacta, inició la construcción el 1 de noviembre y la completó seis meses después.
La estructura fue realizada con machimbre de eucalipto y un esqueleto de pino tratado. Entre las paredes incorporó una cámara de aire con lana de vidrio para conservar la temperatura. El espacio tiene aproximadamente dos metros de ancho por tres de largo, mientras que la cama matrimonial se extiende sobre la cabina de la camioneta.
Pese a sus dimensiones reducidas, el interior cuenta con cocina, heladera de 70 litros, bacha, mesa multifunción, sillón, iluminación LED, conexiones eléctricas, puertos USB y distintos compartimentos para guardar objetos. También posee dos paneles solares de 180 watts que abastecen de energía al refugio.
El baño permanece oculto mediante un sistema plegable. Allí instaló una ducha, una cortina impermeable y un inodoro seco desmontable. Para almacenar las aguas grises creó un circuito de caños en forma de serpentina, ubicado entre la camioneta y el cámper, que funciona como depósito hasta el momento de vaciarlo.
Las grandes ventanas fueron incorporadas para mantener un contacto permanente con el paisaje. Por esa misma razón, José decidió no colocar televisión: su intención es aprovechar el tiempo observando el entorno y disfrutando de cada lugar que visita.
En el techo interior también realizó una representación de la Luna iluminada con fibra óptica y luces LED. Ese detalle inspiró parte del nombre del vehículo. “Refugio” recuerda a los albergues de montaña que conoció durante sus travesías, mientras que “Orión” se relaciona con las misiones espaciales de exploración lunar que seguía mientras trabajaba en la obra.
Aunque dejó de atender en un establecimiento fijo, aclaró que no abandonó definitivamente la veterinaria y que todavía realiza consultas a domicilio. Su decisión estuvo vinculada principalmente con la necesidad de liberarse de horarios permanentes y de la obligación de permanecer siempre en un mismo lugar.
Sin un recorrido estricto ni un plazo determinado, José asegura que el viaje podría extenderse durante semanas o meses. La cabaña que construyó con sus propias manos se convirtió así en el símbolo de una nueva etapa: una vida con menos apuros, mayor libertad y el camino como único destino.
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