La presidenta de la Asociación Rural, Apolinaire, advirtió que la presencia de perros asilvestrados en zonas rurales de Tierra del Fuego llegó a un punto crítico y ya representa una amenaza creciente para la producción, la fauna y la seguridad general. En declaraciones a FM del Pueblo, sostuvo que se trata de una problemática de larga data, aunque remarcó que en la actualidad la situación se volvió mucho más difícil de contener por la magnitud que alcanzó la población canina en estado salvaje.
Según explicó, el daño ya no impacta solamente sobre la producción ovina, tradicionalmente afectada por este tipo de ataques. En distintos establecimientos también se registran lesiones y muertes de bovinos, caballos, llamas e incluso de animales silvestres como los guanacos. En ese marco, alertó que la ganadería vacuna también comenzó a quedar seriamente expuesta frente al avance de las jaurías.
Apolinaire apuntó además al origen urbano del problema. Señaló que la falta de tenencia responsable en las ciudades sigue alimentando esta situación, ya que muchos perros domésticos son abandonados o quedan sueltos, se desplazan hacia sectores alejados y terminan adaptándose a la vida en el campo. Con el paso del tiempo, esos animales dejan de depender del contacto humano y forman grupos cada vez más numerosos.
La dirigente rural indicó que hoy incluso se observa reproducción de perros en áreas rurales, lo que profundiza el fenómeno. A modo de ejemplo, mencionó registros obtenidos por cámaras en los que se observan jaurías de 12, 15 o más ejemplares desplazándose juntas. A su entender, este crecimiento demuestra que el problema dejó de ser aislado y requiere una intervención mucho más amplia que la actual.
En ese sentido, reconoció que el sector participa en la comisión de seguimiento de la ley de manejo de poblaciones caninas, junto a organismos estatales, sanitarios y científicos, pero consideró que eso por sí solo no alcanza. Reclamó una estrategia integral, con distintas herramientas en funcionamiento al mismo tiempo, que combine control poblacional, respaldo técnico y una presencia activa del Estado para frenar el deterioro.
Por último, subrayó que las consecuencias exceden a la actividad ganadera. Aseguró que también están en riesgo la biodiversidad, el turismo y la seguridad de quienes transitan por zonas rurales. Si bien reconoció que en el ámbito productivo hay posibilidades de crecimiento mediante inversión y tecnología, insistió en que persisten fuertes limitaciones estructurales, como la falta de electrificación rural, el costo de la energía y la escasez de mano de obra capacitada. Frente a ese escenario, reclamó decisiones políticas urgentes y una respuesta coordinada para comenzar a revertir una situación que, afirmó, ya no puede seguir esperando.
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