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El velero Galileo inició su regreso proveniente de la Antártida

Los expedicionarios zarparon el domingo 19 de la Base Carlini, la última que visitaron en su periplo por aguas repletas de hielos flotantes, a bordo de una nave de apenas 11 metros de largo y propulsada mayormente a vela.

En ese lugar, los navegantes desembarcaron la imagen de la Virgen de Luján, que pertenece al Monumento a los Caídos durante la Guerra ubicado en Ushuaia, y que los ex combatientes de esa ciudad cedieron para que peregrinara por la Antártida.

Los cinco tripulantes de la embarcación son, además de Navas, el capitán Andrés Antonini, el contramaestre Mario Monserrat, el piloto Damián Galera y el patrón navegante Matías Miguez.

El Galileo tenía como una de sus máximas aspiraciones llegar hasta la Base Esperanza, donde funciona la escuela 38 Presidente Raúl Alfonsín, dependiente del gobierno de Tierra del Fuego, considerada la más austral del país. Sin embargo, luego de navegar en medio agua nieve y debido a las condiciones meteorológicas del lugar, no pudieron realizar el desembarco en ese sitio.

En cambio, estuvieron en la Base Primavera, dependiente del Comando Antártico del Ejército Argentino, donde fueron recibidos “de manera excelente por militares y científicos, que nos convidaron con mate, jugos y tortas, y nos regalaron cosas para llevar”, indicó uno de los mensajes enviados desde el velero.

Los aventureros tampoco pudieron fondear en la Base Brown, establecieron comunicación por radio con científicos argentinos en el lugar y recorrieron durante días los estrechos antárticos eludiendo témpanos celestes, rodeados de pingüinos y ballenas.

El recorrido también los llevó a la Base Melchior y antes, en el primer destino antártico, a la Isla Decepción, donde visitaron un antiguo emprendimiento ballenero y caminaron hasta la base española Gabriel de Castilla, donde fueron recibidos por la dotación. “Fueron muy amables. Nos dieron aceite y nosotros les regalamos una botella de vino. También nos permitieron utilizar la señal de Wi Fi para realizar las primeras comunicaciones telefónicas desde nuestra llegada”, contó el líder de la expedición.

Ya en viaje de regreso a Ushuaia, de donde partieron el 6 de enero, el Galileo navegaba este lunes a 5 millas náuticas por hora (unos 9 kilómetros por hora) con vientos de entre 30 y 40 kilómetros por hora, olas de 2,3 metros de altura y una temperatura de 2 grados.El último gran obstáculo del barco y sus tripulantes es el peligroso Pasaje de Drake, unos 1200 kilómetros de mar indomable hasta superar el Cabo de Hornos y adentrarse en el Canal Beagle.

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