En gran parte de la Argentina, el calor viene estirándose más de lo normal y en algunos puntos deja marcas muy altas para la época. Detrás de esta persistencia no hay “mala suerte” de verano, sino una configuración típica de la atmósfera: el
bloqueo atmosférico, también conocido en divulgación como
“muro atmosférico”.
La idea es simple: un anticiclón (zona de alta presión) se instala y queda casi fijo durante varios días. Ese sistema funciona como una barrera que altera la circulación habitual del aire, empuja vientos del norte y favorece el ingreso continuo de aire cálido. Al mismo tiempo, dificulta el avance de frentes fríos desde la Patagonia hacia el centro y el norte del país.
A este “tapón” se suma un ingrediente que potencia el horno: la subsidencia, un descenso de aire desde capas altas. Al bajar, ese aire se comprime, se calienta y refuerza el escenario de temperaturas elevadas (además de tender a estabilizar la atmósfera).
El fenómeno suele atravesar dos momentos: primero aparece un calor más seco, con humedad baja; luego, cuando el anticiclón se corre hacia el este, aumenta el aporte de humedad y sube la sensación térmica, dejando jornadas más pesadas e incómodas.
En este contexto, el Servicio Meteorológico Nacional activó alertas amarilla y naranja por temperaturas extremas para distintas zonas del país, incluyendo provincias del centro y norte, y también áreas puntuales de Cuyo.
¿Y el alivio? Los pronósticos indican que el “muro” podría debilitarse entre el martes 27 y el miércoles 28, con el ingreso de un frente frío que bajaría la temperatura de manera moderada y podría venir acompañado por tormentas aisladas, sin un cambio “de golpe” en toda la masa de aire.
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