La cuarentena puede generar un alto nivel de tensión que el organismo percibirá como una agresión, usando al estrés como un mecanismo de defensa.
Los trastornos en el sueño, la ansiedad y la incertidumbre que puede ocasionar el encierro por el coronavirus son desequilibrios emocionales que, a su vez, generan cambios a nivel orgánico e inmune perjudicando a la salud.
Cuando una persona vive al límite en sus exigencias mentales, no descansa y se siente bajo presión, fuerza a su organismo a producir la hormona del estrés: el cortisol.
Cuanto más cortisol se produce, mayor facilidad tendrá el cuerpo para desarrollar ciertas dolencias psicosomáticas, como por ejemplo úlceras, diarreas, hipertensión, vómitos, palpitaciones o parálisis musculares.
Además, los radicales libres generados por el estrés causan un deterioro como el envejecimiento prematuro, procesos inflamatorios crónicos, cáncer, parkinson, alzhéimer, ateroesclerosis y cataratas, entre otros.
Según explica el director del Instituto de Inmunooncología “Dr. Ernesto J.V. Crescenti”, Dr. Ernesto Crescenti (MN: 50.776), en un informe al que accedió minutouno.com, \"es importante mantener los niveles de estrés controlados dedicando momentos a la relajación y consumiendo concentraciones adecuadas de zinc (Zn), selenio (Se) y manganeso (Mn), que ayudan al organismo a fortalecer su sistema inmunológico y reducir los desequilibrios que puede ocasionar la cuarentena”.
Zinc: tiene efectos sobre la activación del sistema inmunológico, actúa sobre la reparación del ADN y contrarresta la acción de los radicales libres. Se encuentra en legumbres, frutos secos, cereales integrales, jengibre, pescado blanco y mariscos.
Selenio: es fundamental como antioxidante y como inmunomodulador. Está presente en cereales integrales, carnes, pescados y mariscos, algunos tipos de verduras (cebolla, espárragos), semillas como las de girasol y frutos secos.
Manganeso: es un componente de las enzimas detoxificantes y está en varios alimentos incluyendo las nueces, las legumbres, las semillas, el té, los cereales integrales y las verduras de hoja verde.
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