John Foos inició una transformación de fondo en su esquema de negocios que supondrá el fin de su producción en el país. La empresa resolvió reemplazar la fabricación local por la importación de calzado desde China, una medida que derivará en el cierre de su tradicional planta de Beccar, en San Isidro, luego de más de 40 años de actividad.
La salida de la producción nacional se concretaría hacia fines de abril. Después de esa etapa, la firma continuará operando con una estructura mucho más reducida, enfocada únicamente en funciones comerciales y administrativas a través de Flingday S.A.
En paralelo, el achicamiento de la fábrica ya se viene reflejando en la nómina de personal. De acuerdo con fuentes del sector, la planta pasó de contar con unos 400 empleados en 2023 a conservar actualmente apenas alrededor de 50. En ese marco, trabajadores denunciaron que existen presiones para aceptar desvinculaciones por montos inferiores a los que corresponderían legalmente.
La decisión empresarial se produce en medio de un escenario adverso para la industria del calzado. La retracción del consumo, el incremento de los costos y el avance de los productos importados deterioraron la rentabilidad de muchas compañías. En el caso de John Foos, las pérdidas registradas durante 2025 habrían acelerado la redefinición de su funcionamiento, con la importación como alternativa para abaratar gastos y sostener su presencia en el mercado.
El cierre de la planta de Beccar representa además el final de una etapa importante para la fabricación nacional de zapatillas. En sus mejores años, esa planta llegó a producir miles de pares por día y abasteció a numerosos puntos de venta de todo el país. La situación, además, se suma a otros casos recientes de empresas que comenzaron a reducir o discontinuar su producción local para reorientarse a un modelo basado en importaciones desde Asia.
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