El anuncio del cierre de la planta de Whirlpool en Pilar volvió a encender las alarmas en toda la industria manufacturera argentina. La decisión —que implica la desvinculación de 220 trabajadores y la retirada de la compañía de su actividad productiva en el país— fue atribuida por la firma a la pérdida de competitividad para exportar y al avance acelerado de los productos importados en un mercado interno golpeado por la caída del consumo.
Desde la Unión Industrial Argentina (UIA), su presidente Martín Rappallini reiteró que el sector arrastra “problemas estructurales” que afectan la competitividad. Según detalló, producir en el país resulta entre 25% y 30% más costoso que en Brasil, debido a la presión tributaria, la falta de infraestructura y el encarecimiento relativo generado por el tipo de cambio.
A este escenario se suma otro dato preocupante: el acuerdo que evita despidos en Tierra del Fuego vence el 31 de diciembre, un plazo que inquieta a las empresas tecnológicas radicadas en la provincia.
Una apertura que cambió el tablero
La fábrica de Whirlpool había sido inaugurada en 2022 con una inversión de USD 52 millones y la expectativa de producir 300.000 lavarropas por año, con más de 1.000 empleos directos e indirectos. El plan contemplaba que el 70% de las unidades se exportara a Brasil, lo que convertiría a la compañía en una de las mayores exportadoras de línea blanca del país.Pero ese escenario se dio vuelta en apenas tres años. La eliminación de licencias no automáticas y la reducción de aranceles implementadas por el gobierno nacional provocaron un ingreso masivo de electrodomésticos importados. En el caso de heladeras y lavarropas, los derechos de importación bajaron del 35% al 20%, afectando la operación local de Whirlpool y de otras firmas como Mabe (Drean), Electrolux, Gafa y el propio grupo Newsan.
El empresario Paolo Rocca, referente del grupo Techint y proveedor clave de insumos para la línea blanca, ya había advertido sobre la situación: en un año, la entrada mensual de lavarropas al país pasó de 5.000 a 87.000 unidades, y la de heladeras, de 10.000 a 80.000. “Esto obliga a muchos a decidir entre seguir produciendo o dejar de fabricar para dedicarse solo a importar”, señaló días atrás.
Brasil gana terreno y el déficit bilateral se dispara
El retraso del tipo de cambio también tuvo impacto. Con un dólar relativamente bajo, los costos locales se encarecieron frente a Brasil, lo que impulsó la llegada de productos brasileños a un ritmo inédito. En consecuencia, el déficit comercial con ese país alcanzó USD 5.098 millones en los primeros diez meses de 2025, frente a los USD 175 millones en igual período del año anterior.La combinación de caída del consumo, apertura de importaciones y pérdida de competitividad derivó en decisiones internas que ya anticipaban el final: reducción de turnos, licenciamiento de personal y finalmente el cese definitivo de la actividad productiva.
A partir de ahora, Whirlpool mantendrá únicamente presencia comercial en la Argentina, basada exclusivamente en mercadería importada.
Impacto en Tierra del Fuego: suspensiones y preocupación por enero
El cierre de Whirlpool se suma a un escenario complejo en la industria electrónica de Tierra del Fuego. Empresas como Mirgor —dedicada a la fabricación de celulares, televisores y aires acondicionados— aplicaron suspensiones durante el año por la caída de las ventas y el incremento de la oferta importada.En ese contexto, el acuerdo que garantiza la estabilidad laboral y prohíbe despidos en la isla vence el 31 de diciembre, sin señales de mejora del mercado interno.
A partir del 15 de enero, además, se prevé una baja adicional del arancel para los celulares importados, que pasará del 8% al 0%, lo que agregará presión a los costos locales y podría profundizar la crisis en las plantas fueguinas.
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