La médica riograndense Valeria Bustos atraviesa una situación personal y judicial que describe como angustiante. Desde el 27 de octubre de 2025 se encuentra excluida de su hogar a partir de una orden judicial dictada en el marco de una denuncia por violencia doméstica, medida que derivó en la separación forzada de su hija de seis años, por cuya custodia continúa luchando.
Según relató, la resolución judicial estableció un perímetro de restricción de doscientos metros respecto de su ex pareja, aunque remarcó el propio documento contemplaba la necesidad de preservar el vínculo materno. “El mismo documento decía que se debía garantizar el contacto de la madre con sus hijos”, sostuvo. En ese contexto, explicó que su hijo de trece años decidió acompañarla al momento de la exclusión, mientras que su hija menor quedó al cuidado del padre.
Bustos aseguró que desde entonces enfrenta una situación de profundo dolor, especialmente por el impacto emocional que percibe en la niña. “Mi hija volvió a decirme que su papá dice que soy mala y que por eso la policía me está sacando”, expresó, al denunciar un proceso de manipulación y alienación que, según afirma, se fue profundizando con el paso de los meses.
La médica también cuestionó el accionar del sistema judicial y la falta de respuestas institucionales. “Nunca vi a la jueza Montero ni recibí notificaciones sobre las audiencias. Me siento completamente desamparada”, afirmó, al tiempo que señaló las dificultades para acceder a información concreta sobre su expediente y para hacer valer sus derechos como madre.
En su búsqueda de apoyo, Bustos indicó que recurrió a distintos organismos y realizó denuncias formales, aunque sin obtener resultados efectivos. “He hecho denuncias, pero no ha habido acciones concretas para protegerme ni para garantizar el contacto con mi hija”, manifestó. Como parte de su estrategia para visibilizar el caso, reunió audios y registros de entrevistas que, asegura, respaldan su versión de los hechos.
Pese al desgaste emocional y la incertidumbre, la médica sostiene su reclamo con firmeza y no baja los brazos. “No entiendo cómo pueden quitarme a mi hija sin argumentos. No he hecho nada que justifique esta separación”, concluyó, con la expectativa de recuperar el vínculo con su hija y de que su situación permita exponer una problemática que, afirma, atraviesa a muchas madres en circunstancias similares.
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