La pérdida de puestos registrados volvió a encender alarmas en Tierra del Fuego, no solo por el número en sí, sino por lo que implica para una provincia sostenida históricamente por la industria. En ese marco, la ministra Castiglione puso el foco en un dato que, según remarcó, refleja un deterioro de fondo: alrededor de 6.100 empleos formales menos, una cifra sensible para una matriz productiva que depende en gran parte de los rubros electrónico y textil.
La funcionaria señaló que el impacto ya se percibe en la estructura de varias empresas. Describió que hay sectores que en otros años llegaron a sostener plantillas superiores a los mil trabajadores y que ahora funcionan con dotaciones que no alcanzan los 300. En la misma línea, mencionó la existencia de suspensiones tanto en fábricas electrónicas como textiles, como parte de una dinámica que se repite en distintos puntos del entramado industrial.
Para Castiglione, el escenario actual excede la discusión tradicional sobre costos o competencia externa. Afirmó que el factor que hoy pesa con más fuerza es la retracción del mercado: el consumo, dijo, viene cayendo de manera sostenida y el problema central es que “no se vende”. Esa falta de demanda, planteó, termina empujando ajustes internos y recortes de actividad, incluso en sectores que fueron motores del empleo local.
En esa lectura, advirtió que el deterioro no queda encerrado dentro de las plantas. Menos salarios circulando implica menos movimiento en el comercio, menor demanda de servicios y un freno adicional para la construcción. Ese mecanismo, describió, produce un “efecto dominó” que recorre la economía fueguina y termina golpeando de manera transversal, aun en actividades que no están directamente vinculadas a la producción industrial.
Así, el dato del empleo aparece como el indicador que resume el momento: una contracción que se siente primero en la industria, pero que se expande rápidamente al resto de los sectores que dependen del consumo y del ingreso de las familias.
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