La historia de las Termas del Río Valdez reúne una combinación poco habitual de inversión privada, investigación científica internacional y una extensa disputa judicial que actualmente espera una definición de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En el centro de esa trama aparece la familia Reyes, responsable de una serie de obras e iniciativas que comenzaron en los años ochenta y que, con el paso del tiempo, terminaron colocando a ese paraje del centro de la isla en el radar científico y geológico de Tierra del Fuego.
Pero lo que comenzó como un proyecto turístico y científico terminó derivando en uno de los conflictos territoriales más complejos de la provincia, especialmente a partir de la intervención del Municipio de Tolhuin, que decidió avanzar sobre el predio invocando la ampliación del ejido urbano.
Un proyecto que comenzó cuando Tierra del Fuego aún era territorio
El origen de la historia se remonta a comienzos de la década de 1980, cuando la familia Reyes, a través de la empresa Transportes Roanmat S.R.L., proyectó el desarrollo de un complejo turístico y termal en la zona conocida como Termas del Río Valdez.En ese momento Tierra del Fuego todavía era territorio nacional y el área estaba completamente aislada de cualquier circuito turístico o infraestructura estable. El primer paso fue la apertura de un camino de acceso hacia el lugar, una obra que demandó una inversión superior a tres millones de dólares de la época.
Ese camino no solo permitió pensar en un futuro desarrollo turístico, sino que también resultó clave años después para el ingreso de técnicos, científicos y equipamiento especializado que comenzó a utilizar el área como punto de investigación geológica y sísmica.
La relación con el Estado territorial quedó formalizada en 1988 mediante el decreto 736 firmado por el entonces gobernador territorial Elios Eseverry, que aprobó un contrato de comodato sobre unas 400 hectáreas de tierra fiscal destinadas a la instalación de un complejo turístico termal.
Ese acuerdo reconocía las inversiones realizadas por la empresa y establecía obligaciones futuras de infraestructura, además de contemplar una cláusula clave: si el territorio pasaba a convertirse en provincia, la empresa tendría opción de compra sobre el inmueble.
Obras, mensuras y presencia efectiva en el lugar
Durante las décadas siguientes la familia Reyes continuó desarrollando obras y mejoras en el predio. Entre los antecedentes mencionados en la causa aparecen mensuras realizadas desde 1986 y diversas intervenciones que culminaron en una mensura prescriptiva iniciada en 2023.También existen registros oficiales que constatan la presencia de instalaciones en el lugar. Un acta de 2001 de la Dirección de Planeamiento y Ordenamiento Territorial describe la existencia de sectores administrativos, alojamientos para personal, depósitos, baños públicos, piletas cubiertas y descubiertas, vestuarios, sanitarios, una pileta de barro y un área de camping con refugios.
Para la empresa, estos antecedentes demuestran que el lugar nunca estuvo abandonado ni sin uso, sino que se mantuvo con presencia permanente y con inversiones sostenidas durante décadas.
Cuando el interés científico llegó al Río Valdez
El valor del lugar comenzó a trascender lo turístico cuando distintos organismos científicos detectaron el potencial geotérmico y tectónico del área.En 1993 la Secretaría de Minería de la Nación avanzó en un estudio de reconocimiento de recursos geotérmicos de baja entalpía en la zona centro-sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Ese trabajo contemplaba varias etapas de análisis geológico, tectónico y geoquímico con el objetivo de identificar áreas con potencial para futuras perforaciones exploratorias.
Dentro de ese proyecto científico aparece un dato significativo: el apoyo logístico en el terreno estaba a cargo de Rolando Reyes y la empresa Roanmat.
Es decir, los estudios estatales se desarrollaban con la colaboración directa del emprendimiento privado que ya operaba en el lugar.
La inversión que permitió instalar un sismógrafo
Uno de los episodios más destacados ocurrió en 1994, cuando la familia Reyes financió la instalación de un sismógrafo permanente en las Termas del Río Valdez.Según la reconstrucción del proyecto, primero se alquiló instrumental en 1993 para trabajos preliminares y posteriormente se adquirió el equipo definitivo por un valor cercano a los 110 mil dólares, lo que elevó la inversión total vinculada a este aspecto a aproximadamente 120 mil dólares.
El objetivo era profundizar el conocimiento científico del área y avanzar en estudios sobre el comportamiento tectónico de la región.
Con el paso del tiempo ese equipo terminó integrándose a la red de monitoreo sísmico utilizada para estudiar la actividad tectónica del extremo austral del continente.
Interés internacional por el proyecto
El potencial geotérmico del área incluso despertó interés fuera del país. En 1994 el Instituto de Investigaciones Eléctricas de México planteó la posibilidad de participar en el proyecto termal a través de un esquema de financiamiento que contemplaba una inversión global cercana a los cinco millones de dólares.Sin embargo, según la reconstrucción que hoy sostiene la familia Reyes, la propuesta fue rechazada porque la empresa consideraba que ya había asumido una inversión considerable y que el desarrollo debía continuar bajo su conducción.
Investigaciones científicas internacionales
El interés científico por la zona se consolidó en los años siguientes.Investigadores del Center for Earthquake Research and Information de la Universidad de Memphis, junto a instituciones argentinas como el CADIC, el Instituto Geográfico Militar y la Universidad de Buenos Aires, realizaron campañas de medición vinculadas al movimiento de placas tectónicas en Tierra del Fuego.
Estos estudios terminaron aportando datos sobre la deformación de la corteza terrestre en la región y sobre el comportamiento del sistema de fallas Magallanes-Fagnano.
Incluso años después investigadores del CADIC continuaron solicitando acceso al predio para realizar trabajos científicos vinculados al estudio del campo magnético terrestre y depósitos glaciogénicos.
El conflicto con el Municipio de Tolhuin
Mientras el valor científico del lugar crecía, el conflicto institucional comenzó a escalar.Desde la mirada de la familia Reyes, la disputa se agravó cuando el Municipio de Tolhuin decidió tomar las instalaciones de las Termas del Río Valdez argumentando la ampliación del ejido urbano de la ciudad.
Para la empresa, ese argumento no justifica la apropiación del predio ni el desconocimiento de las inversiones realizadas durante décadas.
Sostienen que la ampliación del ejido puede redefinir cuestiones administrativas o urbanísticas, pero no implicaría por sí misma la transferencia automática del dominio ni la ocupación de instalaciones ya existentes.
En ese contexto también se denunciaron decomisos de maquinaria y equipamiento pertenecientes a Transportes Roanmat por parte de organismos provinciales, lo que derivó en nuevas acciones judiciales.
Un conflicto que llegó a la Corte Suprema
La controversia terminó escalando hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ahora deberá analizar distintos aspectos del caso.Entre ellos aparecen cuestiones vinculadas a la validez de los compromisos asumidos por el antiguo Estado territorial, la continuidad de inversiones privadas realizadas durante décadas, el alcance de la ampliación de ejidos urbanos y la situación jurídica de un predio con valor turístico, científico y energético.
Mientras tanto, en medio del litigio, permanece una imagen que resume la paradoja del caso: el sismógrafo instalado en 1994 continúa formando parte de la infraestructura científica que permite monitorear la actividad sísmica de Tierra del Fuego.
Un instrumento financiado por privados que terminó integrándose a un sistema de valor público y que sigue funcionando mientras la justicia define quién tiene finalmente el derecho sobre la tierra donde fue instalado.
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