La situación laboral en Río Grande dejó de verse solo en números y se refleja, cada día, en las personas que se acercan al Municipio en busca de ayuda. Así lo planteó el subsecretario de Desarrollo Comunitario, Pablo Gatamora, quien describió un cuadro social cada vez más complejo y una presión creciente sobre la asistencia local.
En declaraciones a FM La Isla, el funcionario señaló que la comuna se convirtió en la primera instancia de contención para muchas familias que quedaron fuera del sistema. Según explicó, la pérdida de un trabajo no implica únicamente dejar de percibir un sueldo, sino también quedar sin cobertura médica y sin otras garantías vinculadas a la estabilidad laboral.
Gatamora remarcó que el impacto de la crisis no se limita al sector industrial. Sostuvo que cuando las fábricas reducen personal, también se resienten comercios, servicios, construcción y empleo informal, generando un efecto en cadena que golpea a toda la ciudad. En esa línea, afirmó que el escenario se fue agravando en los últimos meses y cuestionó el rumbo de las políticas nacionales.
El subsecretario también advirtió sobre la desaparición de programas nacionales de asistencia alimentaria, cuidado y acompañamiento social, lo que —según indicó— obligó al Municipio a cubrir con recursos propios necesidades que antes eran compartidas con otros niveles del Estado.
Frente a este panorama, recordó que en enero se realizó un reempadronamiento del programa alimentario municipal para ordenar y optimizar recursos. Sin embargo, el diagnóstico fue preocupante: la demanda continúa creciendo mientras el margen presupuestario se achica.
Además de alimentos, la ayuda municipal incluye subsidios para alquiler, apoyo para servicios básicos, derivaciones en salud, asistencia en discapacidad, boleto estudiantil y becas. Gatamora reconoció que sostener ese esquema resulta cada vez más difícil por la combinación de mayores necesidades y menos herramientas de financiamiento.
Otro de los puntos que marcó como más delicados es la reinserción laboral de personas de entre 40 y 50 años. Indicó que ese grupo enfrenta mayores obstáculos para volver a conseguir empleo formal, lo que prolonga la dependencia de la asistencia estatal y agrava la incertidumbre en los hogares.
Como ejemplo de esa fragilidad, mencionó la situación de trabajadores de Aires del Sur, quienes —según expresó— cobraron solo una parte de sus haberes de enero. Para el funcionario, ese tipo de casos muestra con crudeza cómo la crisis impacta de lleno en la economía familiar, en un contexto de inflación y creciente dificultad para sostener gastos básicos.
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