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Judiciales

“Intentó colocarse en el lugar de víctima con un relato engañoso y contradictorio”, afirmó el psiquiatra de la querella

En la tercera jornada del juicio oral, el médico psiquiatra de la querella, Dr. Adolfo Óscar Méndez, brindó una extensa exposición que marcó un punto de inflexión en el debate. Su testimonio no solo ratificó la imputabilidad de Florencia Mancilla, sino que además introdujo una mirada más severa sobre su perfil psicológico, al sostener que se trata de una persona con un trastorno de la personalidad antisocial, con plena conciencia de sus actos y un alto riesgo de reiteración de conductas violentas.

Capacidad mental: “No hay enfermedad que haya alterado sus facultades”

Desde el inicio de su intervención, Méndez dejó en claro que coincide con los puntos centrales del informe oficial en relación a la capacidad psíquica de la imputada. Según explicó, Mancilla no presentaba ningún cuadro que le impidiera comprender la criminalidad del hecho ni dirigir sus acciones al momento del homicidio.

El profesional fue categórico al afirmar que no se trata de una persona con una enfermedad mental que haya actuado como alteración morbosa de sus facultades. En esa línea, sostuvo que durante las entrevistas y evaluaciones clínicas no se detectaron indicadores de inconsciencia, ni estados compatibles con emoción violenta.

Por el contrario, remarcó que sus facultades mentales se encontraban dentro de parámetros de normalidad desde el punto de vista psico-jurídico, lo que refuerza la idea de que el hecho fue cometido con plena comprensión.

La diferencia clave: un trastorno antisocial y no límite

El eje más fuerte de su exposición estuvo en la discrepancia con el diagnóstico previo. Mientras otro perito había encuadrado la conducta dentro de un trastorno límite de la personalidad, Méndez sostuvo que, tras su análisis, la imputada encuadra en un trastorno de la personalidad antisocial.

Explicó que este tipo de estructura psíquica se caracteriza por un patrón persistente de vulneración de normas sociales, ausencia de empatía, manipulación de terceros y una marcada incapacidad para internalizar límites.

En ese sentido, detalló que la conducta de Mancilla se ajusta a múltiples criterios internacionales utilizados en psiquiatría, como el engaño reiterado, la impulsividad, la agresividad y la falta de remordimiento. Según indicó, no se trata de episodios aislados sino de un patrón conductual sostenido en el tiempo, que se habría consolidado desde etapas tempranas de su vida.

Además, planteó que este tipo de trastornos no responde de la misma manera a tratamientos tradicionales, diferenciándose de otros cuadros donde sí existe un abordaje terapéutico más efectivo.

Un patrón de conducta violento y repetitivo

Durante su declaración, el psiquiatra sostuvo que la imputada presenta un mecanismo reiterado: ante situaciones de frustración, responde con violencia. Según explicó, la incapacidad de tramitar emocionalmente determinados conflictos deriva en el “pasaje al acto”, es decir, en la concreción de conductas agresivas.

Para fundamentar esta postura, hizo referencia a distintos episodios de su vida que reflejan una conducta reiterativa, en la que la violencia aparece como respuesta ante aquello que no puede controlar o que no satisface sus expectativas.

En ese contexto, remarcó que no se trata de un hecho aislado sino de una conducta que se repite y que, con el tiempo, se perfecciona, consolidándose como un patrón.

“Intentó engañar y colocarse como víctima”

Otro de los aspectos más duros de su exposición fue la valoración del relato de Mancilla. Méndez aseguró que durante las entrevistas periciales la imputada intentó manipular la situación, construyendo un discurso orientado a generar empatía y ubicarse en el lugar de víctima.

Según explicó, detectó contradicciones en su relato y consideró que parte de sus manifestaciones no resultaban creíbles desde el punto de vista clínico. Incluso señaló que este tipo de comportamiento es consistente con perfiles antisociales, donde el engaño y la manipulación forman parte del funcionamiento habitual.

También vinculó este accionar con la utilización de determinados discursos que, según su visión, buscan influir en la percepción de terceros, incluyendo instituciones y operadores judiciales.

La ausencia de remordimiento, uno de los puntos más contundentes

Uno de los elementos que más peso tuvo en su análisis fue la falta de remordimiento. Méndez hizo referencia a expresiones y conductas posteriores al hecho que, según indicó, evidencian indiferencia frente al daño causado.

Describió situaciones en las que la imputada habría racionalizado lo ocurrido, incluso manifestando satisfacción por haber concretado lo que “tenía en la cabeza”. Para el especialista, este tipo de respuestas son indicativas de una estructura donde no existe empatía hacia la víctima.

A su entender, este rasgo es central para comprender la gravedad del cuadro, ya que implica una baja probabilidad de freno interno ante futuras conductas violentas.

La advertencia: “Es una persona peligrosa para la sociedad”

En el tramo final de su exposición, el psiquiatra fue aún más contundente. Reveló que, tras la evaluación, consideró necesario realizar una advertencia a las autoridades sobre el riesgo que implicaba la imputada.

Sostuvo que, desde su rol profesional, entendió que se trataba de una persona potencialmente peligrosa para terceros, debido a su falta de control de impulsos y a la posibilidad de repetir conductas violentas.

En ese marco, cuestionó que haya permanecido en libertad tras el hecho, al considerar que existían elementos suficientes para advertir sobre el riesgo que representaba.

Según explicó, el problema central no radica en la comprensión de la norma, sino en la incapacidad de ajustar la conducta a esa comprensión, lo que genera un escenario de alta peligrosidad.

Un perfil que complejiza el debate judicial

La declaración de Méndez aportó una mirada más dura sobre la imputada, alejándola de interpretaciones vinculadas a un estado emocional alterado o a una patología que limite su responsabilidad.

Por el contrario, su exposición consolidó la idea de una persona que actuó con plena conciencia, dentro de un patrón conductual violento y con una estructura psíquica que, según su criterio, no solo explica el hecho, sino que también enciende alertas sobre el futuro.

Su testimonio dejó planteado un eje central para el tribunal: no solo juzgar lo ocurrido, sino también evaluar el nivel de peligrosidad que, según el especialista, sigue vigente.

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