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Interes General

Día Mundial de la Higiene de Manos: cómo lavarse correctamente para prevenir infecciones graves

Cada Día Mundial de la Higiene de Manos, la atención internacional se centra en la importancia de esta práctica sencilla, fundamental para la prevención de enfermedades en hospitales, escuelas, lugares de trabajo y hogares.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una higiene adecuada de manos representa una de las medidas más accesibles y efectivas para reducir infecciones, con impacto directo en la seguridad del paciente y la salud pública.

Lavarse las manos correctamente es esencial porque permite interrumpir la transmisión de bacterias y virus responsables de infecciones digestivas y respiratorias. Esta acción disminuye riesgos para todos, en especial para niños, mayores y personas con inmunodeficiencias.

Para protegerse, es importante seguir las indicaciones de organismos internacionales sobre la técnica y los momentos adecuados para limpiar las manos, usando agua y jabón o, en ausencia de estos, un desinfectante a base de alcohol.

Impacto sanitario, cifras y beneficios del lavado de manos

La campaña global “Salvemos vidas: lávense las manos”, impulsada desde 2009 por la OMS, busca resaltar la relevancia de este hábito, especialmente en centros de salud. De acuerdo con Mayo Clinic, las manos, al estar en contacto con superficies y personas, acumulan microbios que pueden causar enfermedades al tocarse el rostro o al transmitirse entre individuos.

La efectividad del lavado está respaldada por datos concretos. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indican que educar sobre este tema permite reducir en 23% a 40% la incidencia de diarreas en la comunidad. Entre personas con sistemas inmunitarios debilitados, los casos de diarrea pueden bajar en 58%. Los niños faltan menos a clase: el ausentismo por enfermedades digestivas baja entre 29% y 57%.

Harvard Medical School destaca que 30 segundos de lavado con agua y jabón logran disminuir en 58% la cantidad de bacterias en las manos del personal sanitario. Respecto a las infecciones respiratorias, los CDC señalan un descenso de 16% a 21% en resfriados con la implementación de una adecuada higiene de manos.

En el ámbito hospitalario, la higiene de manos adquiere una dimensión crítica. Según Cecilia Ezcurra, jefa de Servicio de Infectología y Epidemología del Hospital Alemán, las infecciones asociadas a la atención sanitaria continúan siendo uno de los eventos adversos más frecuentes a nivel global. Se estima que 7 de cada 100 pacientes en países desarrollados y hasta 15 de cada 100 en países en desarrollo contraen al menos una infección durante su atención médica.

Una correcta higiene de manos puede prevenir hasta el 50% de las infecciones evitables en entornos sanitarios y, dentro de programas de prevención más amplios, lograr reducciones de hasta el 70% en las infecciones hospitalarias, de acuerdo con Ezcurra.

Fuera del ámbito hospitalario, el lavado de manos con agua y jabón puede reducir hasta en un 40% las enfermedades diarreicas y entre un 16% y un 21% las infecciones respiratorias. Enfermedades como la gastroenteritis, la gripe, el resfrío común, la hepatitis A o infecciones bacterianas como la salmonelosis encuentran en la falta de higiene de manos un canal de transmisión frecuente.

Más allá de las cifras, la higiene de manos tiene una dimensión social. Lavarse las manos no solo protege a quien realiza la acción, sino también a quienes lo rodean, especialmente a los grupos más vulnerables, como niños, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas.

Cómo lavarse las manos correctamente

Las autoridades sanitarias insisten en una técnica precisa para el lavado de manos. Tanto la OMS como Mayo Clinic y la Harvard Medical School coinciden en que se debe emplear agua corriente y jabón, en barra o líquido, sin que el jabón antibacteriano ofrezca ventajas adicionales para la población general.

El procedimiento recomendado tiene cinco pasos: mojar las manos, enjabonarlas, frotar durante al menos 20 segundos, enjuagar bien y secar con una toalla limpia o desechable. Es esencial cubrir todas las áreas, incluidos dorsos, uñas y espacios entre los dedos.

Cuando las manos no están visiblemente sucias, Ezcurra recomienda el uso de soluciones alcohólicas durante 20 a 30 segundos. En cambio, cuando presentan suciedad visible, el lavado con agua y jabón debe extenderse entre 40 y 60 segundos, abarcando palmas, dorsos, dedos, pulgares y puntas de los dedos.

Si no se dispone de agua y jabón, se puede utilizar desinfectante de manos compuesto de al menos 60% de alcohol. Esta alternativa resulta especialmente útil en hospitales, lugares de trabajo o durante desplazamientos, aunque se recomienda recurrir al lavado tradicional siempre que sea posible, ya que algunos patógenos, como el norovirus, pueden resistir al desinfectante.

Harvard aclara que el desinfectante puede ser más eficaz frente a ciertos microorganismos y suele ser menos agresivo para la piel, pero no sustituye el lavado cuando hay suciedad visible.

Mayo Clinic enfatiza que hay situaciones donde la higiene de manos es imprescindible. Estos momentos incluyen: antes, durante y después de preparar alimentos; antes de comer; después de ir al baño; tras cambiar pañales; después de sonarse la nariz, toser o estornudar; luego de tocar animales; después de manipular basura o limpiar.

Harvard advirtió el uso de guantes no reemplaza la necesidad de lavar las manos. Tanto en hospitales como en la vida cotidiana, se requiere limpieza antes y después de usar guantes, ya que estos pueden contaminarse. Oficinas, escuelas y hogares son ambientes en donde la higiene frecuente ayuda a cortar la transmisión de gérmenes.

Recomendaciones para niños, familias y lugares de trabajo

Promover hábitos de higiene de manos desde la infancia es clave para la protección colectiva. Los CDC aconsejan enseñar a los niños los cinco pasos básicos del lavado, acompañarlos durante el proceso y motivarlos con estrategias simples, como cantar dos veces “feliz cumpleaños” para completar el tiempo adecuado de frotado.

Es importante vigilar a los niños menores de seis años cuando utilicen desinfectante, evitando su ingestión o contacto con los ojos. Los adultos deben dar ejemplo manteniendo sus propias manos limpias, beneficiando así a toda la comunidad, especialmente en espacios compartidos.

En entornos laborales, la higiene frecuente reduce el riesgo de contagios y ausencias. Por ello, las organizaciones deben facilitar el acceso a agua, jabón y desinfectante, reforzando buenas prácticas preventivas.

Adoptar la higiene de manos como costumbre cotidiana es una acción sencilla que contribuye a frenar la propagación de infecciones tanto en la vida diaria como en entornos de mayor riesgo. Impulsada por la OMS y validada por la comunidad científica, esta práctica sigue siendo una herramienta esencial para prevenir enfermedades y proteger a la sociedad en su conjunto.

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