Este sábado se cumplirán 16 años del asesinato de Marianela Rago, la joven estudiante de periodismo que fue encontrada sin vida en su departamento del barrio porteño de Balvanera. La fecha volverá a estar marcada por el dolor, la memoria y una historia judicial que durante años pareció no encontrar respuesta.
Marianela fue asesinada el 27 de junio de 2010. Tenía 19 años y fue atacada con extrema violencia luego de regresar a su vivienda. Su cuerpo fue hallado al día siguiente por su hermano, en el dormitorio del departamento, con múltiples heridas de arma blanca y signos de degüello.
El caso tuvo un largo recorrido judicial. Francisco Amador, ex pareja de la víctima, fue detenido poco después del crimen, pero durante años logró ser sobreseído en cinco oportunidades. La familia de Marianela atravesó más de una década de reclamos hasta que la causa finalmente llegó a juicio oral.
El giro se produjo cuando la Cámara revocó el último sobreseimiento y ordenó avanzar con el procesamiento. En septiembre de 2023 comenzó el debate oral y, a fines de noviembre de ese mismo año, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 29 condenó a Amador a prisión perpetua.
Los jueces lo encontraron culpable del delito de homicidio agravado por haber sido cometido con ensañamiento y alevosía. Para la acusación, el crimen ocurrió en un contexto de violencia de género, aunque al momento del hecho la figura de femicidio todavía no estaba incorporada al Código Penal argentino.
Durante el juicio, el fiscal Sandro Abraldes remarcó que existían antecedentes de maltrato y presentó distintos elementos contra el acusado. Entre ellos, más de 170 comunicaciones previas entre Amador y Marianela, testimonios sobre episodios de violencia, pericias que lo ubicaron cerca del lugar y lesiones en su cuerpo compatibles con una defensa de la víctima.
La fiscalía también sostuvo que no había señales de ingreso forzado al departamento. Ese dato, sumado a que Marianela se había descalzado al llegar, fue interpretado como una muestra de que conocía a la persona que ingresó con ella o que se encontraba en una situación de confianza.
Para los investigadores, Amador aprovechó ese vínculo y la vulnerabilidad de la joven. Según la acusación, actuó con intención de causar sufrimiento y reaccionó ante la decisión de Marianela de alejarse de él y comenzar una nueva etapa en su vida.
A 16 años del crimen, el nombre de Marianela Rago sigue presente como símbolo de una lucha persistente. Su caso expuso las demoras judiciales, la importancia de escuchar las señales de violencia previa y la necesidad de nombrar los hechos por lo que fueron: un femicidio que durante años esperó justicia.
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