Durante el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de los hogares se ubicó en $2.800.000 netos mensuales. Sin embargo, ese monto no refleja la realidad de la mayoría: el 78% de las familias percibe menos y se concentra entre los sectores de clase media baja y clase baja.
El dato surge de un informe de la Fundación Encuentro, elaborado sobre información de la consultora W. El estudio muestra una pirámide social atravesada por fuertes diferencias y señala que solamente el 22% de los hogares supera el ingreso promedio.
La distribución por clases quedó conformada de la siguiente manera:
• Clase alta: representa el 5% de la población y requiere ingresos desde $7.500.000 mensuales.
• Clase media alta (C2): concentra al 17% y tiene un piso de $4.000.000 por mes.
• Clase media baja: abarca al 26% y comienza en $2.200.000 mensuales.
• Clase baja superior no pobre (D1): es el grupo más numeroso, con el 31%, y parte de ingresos mensuales de $1.400.000.
La concentración de los hogares por debajo del promedio permite entender por qué el consumo masivo continúa debilitado, pese a la desaceleración de la inflación y la recuperación parcial de los salarios reales. Precisamente, los sectores que reúnen al 78% de las familias son los que destinan una mayor proporción de sus recursos a comprar bienes y servicios.
El ajuste atraviesa a todos los niveles socioeconómicos, aunque con diferentes consecuencias. Los sectores de mayores ingresos revisan seguros, prepagas y suscripciones, reducen viajes, recitales y salidas, y aprovechan más las promociones. En las familias de ingresos medios, la prioridad pasa por cubrir alimentos, impuestos y servicios sin recurrir a la tarjeta de crédito.
Entre los hogares con mayores dificultades, los descuentos dejaron de ser una opción para transformarse en una necesidad. Las compras se concentran en productos de oferta, aumenta el endeudamiento para cubrir gastos cotidianos y cualquier imprevisto puede desequilibrar por completo la economía familiar.
En los sectores más vulnerables, el deterioro también afecta la alimentación. Algunas familias reducen la cantidad de comidas diarias o reemplazan la carne vacuna por pollo, las verduras por harina y la leche líquida por leche en polvo. Las consultoras consideran que, si continúan bajando la inflación y mejoran los salarios, el consumo masivo podría moverse durante el año en una franja de entre una caída del 1% y un crecimiento del 1%.
Compartinos tu opinión