La comunidad internacional deberá prepararse para un escenario climático en el que el calentamiento global supere temporalmente los 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales. Así lo plantea un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA), que por primera vez analiza de manera específica qué medidas deberían adoptarse una vez atravesado ese límite.
El documento sostiene que el desafío climático entró en una nueva etapa. La prioridad ya no pasa únicamente por impedir que la temperatura mundial cruce esa barrera, sino por reducir al máximo la magnitud y el tiempo durante el cual el planeta permanezca por encima de ella. De todos modos, Naciones Unidas insiste en que esto no significa abandonar las políticas destinadas a disminuir las emisiones.
Actualmente, la temperatura global se encuentra aproximadamente 1,4 °C por encima del promedio registrado entre 1850 y 1900, principalmente como consecuencia de las emisiones generadas por la utilización de combustibles fósiles. Los especialistas advierten que un calentamiento más pronunciado incrementaría la frecuencia y gravedad de fenómenos meteorológicos extremos y podría acelerar procesos irreversibles, entre ellos la pérdida de arrecifes de coral y el deterioro de las capas de hielo.
Uno de los escenarios más preocupantes se concentra en las islas del Pacífico. Andrew Jones, director general adjunto de la Comunidad del Pacífico, advirtió que el aumento del nivel del mar podría contaminar las reservas de agua dulce, mientras que las inundaciones serían cada vez más frecuentes. También anticipó cambios importantes en la disponibilidad de alimentos y en las actividades pesqueras.
Según Jones, el desplazamiento del atún hacia zonas más orientales podría perjudicar a los pequeños estados insulares que actualmente concentran una parte considerable de las capturas mundiales. A ello se suma la estimación de que los pescadores costeros podrían perder hasta el 65% de sus capturas, con consecuencias directas para la alimentación y la economía de esas comunidades.
Richard Betts, profesor de la Universidad de Exeter y coautor del estudio, consideró que el nuevo escenario obliga a asumir que el planeta tendrá que convivir con temperaturas más elevadas, aunque señaló que todavía existe margen para reducir el calentamiento. Debra Roberts, también integrante del equipo que elaboró el informe, sostuvo que los sistemas actuales de gobernanza climática deberán ser revisados porque fueron diseñados para intentar evitar la superación de los 1,5 °C y no para administrar sus consecuencias.
La publicación generó cuestionamientos entre organizaciones ambientalistas y especialistas. Bill Hare, director de Climate Analytics, expresó preocupación por la posibilidad de que el mensaje termine generando resignación frente a la crisis climática. Desde Greenpeace Internacional, Jasper Inventor remarcó que atravesar temporalmente el límite no debería interpretarse como una razón para abandonar los esfuerzos destinados a reducir el calentamiento.
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, también advirtió sobre las consecuencias de permanecer durante demasiado tiempo por encima de ese nivel y destacó que las políticas de adaptación serán indispensables para proteger vidas y ecosistemas. El informe señala que, además de reducciones rápidas y profundas de las emisiones, será necesario avanzar en tecnologías capaces de retirar dióxido de carbono de la atmósfera.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, volvió a reclamar una aceleración de las políticas climáticas globales. Para la ONU, incluso frente a un probable rebasamiento temporal del objetivo establecido en el Acuerdo de París, cada fracción de grado que pueda evitarse continuará siendo determinante para reducir los impactos sobre las poblaciones y el ambiente.
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