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Interes General

Cinco años de monitoreo revelan la expansión de perros asilvestrados en Tierra del Fuego.

La presencia de perros asilvestrados en un sector rural de Tierra del Fuego mostró un fuerte crecimiento durante cinco años de seguimiento científico. Las detecciones aumentaron un 226% y las cámaras captaron persecuciones a guanacos, mientras los registros de zorro chilla disminuyeron un 66%. Los resultados plantean la necesidad de abordar el problema por sus posibles consecuencias sobre la fauna y la producción ganadera.

El trabajo fue realizado por investigadores del CADIC-CONICET, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y la Wildlife Conservation Society, y publicado en la revista Perspectives in Ecology and Conservation. Se trata de la primera evaluación de largo plazo sobre la ecología de los perros asilvestrados en la isla.

Emiliano Arona y Adrián Schiavini desarrollaron el relevamiento en una estancia de 10.000 hectáreas ubicada en la transición entre el bosque y la estepa, a 37 kilómetros de Río Grande y a 60 de Tolhuin. Allí instalaron 21 cámaras trampa que permitieron observar a los animales entre octubre de 2018 y noviembre de 2023.

El monitoreo reunió 37.003 registros independientes, de los cuales 1.412 correspondieron a perros. Mediante las imágenes, los investigadores identificaron 117 ejemplares diferentes, todos mestizos de tamaño mediano o grande. Su presencia se detectó en 16 de las 21 estaciones, lo que refleja una distribución extendida dentro del área analizada.

Uno de los hallazgos fue la existencia de reproducción en el ambiente silvestre. Las cámaras obtuvieron 87 registros de cachorros, principalmente durante el otoño y el invierno, con una concentración mayor en el sur del establecimiento. Aunque se observaron grupos de hasta nueve perros y adultos acompañados por hasta cuatro crías, predominaron las apariciones de animales solitarios.

La relación con los guanacos también quedó documentada. Se registraron siete persecuciones protagonizadas por parejas de perros y otros siete guanacos con lesiones por mordeduras y daño en los tejidos. Los investigadores señalaron que, aun cuando estos episodios fueron poco frecuentes en las imágenes, sus efectos podrían acumularse si continúa la expansión canina.

El incremento de las detecciones no fue uniforme: después de mantenerse relativamente estable durante los primeros tres años, se aceleró desde la primavera de 2021. En el conjunto del período, los registros de guanacos crecieron un 40%, mientras los de zorro chilla retrocedieron un 66%. Estas variaciones corresponden a las detecciones de las cámaras y no equivalen, por sí solas, a cambios del mismo porcentaje en la cantidad de animales.

Los horarios de circulación aportaron otro elemento al análisis. Los perros presentaron dos momentos de mayor actividad, alrededor de las 6 y de las 18, y modificaron sus hábitos según la estación. En verano, el 86,1% de su actividad ocurrió con luz diurna; en invierno, esa proporción descendió al 32,5%. Durante los meses fríos aumentó la coincidencia de sus horarios con los de los guanacos.

En el caso del zorro chilla, los investigadores observaron hábitos principalmente nocturnos y una separación temporal respecto de los perros. Ambas especies nunca fueron captadas simultáneamente frente a una misma cámara. El estudio también recupera antecedentes del sector chileno de la isla que vinculan una disminución de la densidad de chillas con la presencia de perros de vida libre, aunque esos antecedentes no permiten atribuir automáticamente la caída local a una única causa.

El zorro colorado fueguino no apareció durante el relevamiento. Los autores destacaron que este cánido nativo amenazado requiere especial atención ante la posible competencia por alimento y la transmisión de enfermedades desde los perros. También plantearon que los sectores de bosque podrían brindar refugio y lugares de cría a los animales asilvestrados, aunque el efecto de la cobertura forestal no alcanzó significación estadística.

La investigación relaciona estos resultados con la expansión histórica del problema ganadero: entre 1990 y 2012, la superficie afectada por perros asilvestrados pasó del 2,5% al 69,3%. Según el trabajo, estos animales podrían ocupar el lugar de depredadores tope, ejerciendo presión tanto sobre especies silvestres como sobre el ganado.

Frente a ese escenario, los autores proponen una estrategia sostenida entre gobiernos, productores y organizaciones de conservación. El estudio señala que la Ley provincial 1146 constituye una herramienta pendiente de reglamentación e implementación y recomienda combinar educación, tenencia responsable, esterilización, adopción y retiro ético de ejemplares, con decisiones respaldadas por evidencia científica.

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