La llegada de miles de trabajadores a la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945 convirtió aquella jornada en un punto de inflexión de la historia argentina. El reclamo por la libertad de Juan Domingo Perón dio lugar a una demostración popular que el peronismo reconoce como su momento fundacional y recuerda cada año con el Día de la Lealtad.
Por entonces, Perón había construido un fuerte vínculo con sectores obreros desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. Las medidas laborales impulsadas durante su gestión le habían permitido reunir el respaldo de trabajadores y dirigentes sindicales, que encontraron en su figura una referencia para sus reivindicaciones.
Su detención desencadenó una movilización hacia el centro de Buenos Aires. Con la Plaza de Mayo como escenario principal, los manifestantes exigieron su liberación y colocaron al movimiento obrero en el centro de la escena política nacional.
El alcance de esa convocatoria trascendió el reclamo inmediato. La jornada consolidó la relación entre Perón y sus seguidores y abrió el camino a una nueva fuerza política. Meses después, en las elecciones de febrero de 1946, fue elegido presidente de la Nación.
Desde entonces, el 17 de octubre ocupa un lugar central en la identidad peronista. Para sus militantes y organizaciones, la conmemoración expresa la continuidad de aquel vínculo con los trabajadores y mantiene vigentes las banderas de participación popular, militancia y justicia social.
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