“Ypefiano. Ciento por ciento”, se define José Luis Alonso. Pero, desde hace más de una década, no es el oro negro lo que energiza el día a día de este ingeniero en Petróleo (Universidad Nacional de Cuyo), nacido en Mendoza hace 51 años. En 2016, asumió la gerencia general de Mirgor, uno de los principales productores de electrónica del país. “No soy el CEO, sino un laburante. Como cualquier otro”, describe la forma en la que ejerce el cargo que asumió recién retornado de Dinamarca, donde dirigió, durante cinco años, a Haldor Topsoe, la empresa de ingeniería más grande de ese país.
“Mirgor no es lo que se piensa”, asegura, enfático, sobre el grupo, que facturó $ 49.112,93 millones el año pasado, entre sus negocios de electrónica de consumo, para industria automotriz, servicios, retail, desarrollo de software y comercio de granos. Defiende la camiseta que viste –y transpira– desde hace cinco años. De todo y contra todos. En especial, cuando –en la opinión pública– queda reducida a ser “la empresa de Caputo”, en relación a Nicolás, uno de sus principales accionistas. Por eso, así como no ahorra críticas para el gobierno anterior (“Si alguien nos tiró a matar, fue el de Mauricio Macri”), tampoco las escatima para el actual. “Haber dejado a los celulares afuera de Ahora 12 fue algo ridículo”, dispara.
En el primer semestre, la facturación de Mirgor cayó 7%, a $ 19.539 millones. Pero el grupo perdió $ 353,14 millones, contra una ganancia de $ 831,7 millones un año antes.
El balance del primer semestre fue muy malo. Pero mucho menos de lo que debió ser. Estuvimos más de la tercera parte del primer trimestre sin fabricar, vender ni cobrar. De 90 días, tuvimos 30 con la pandemia (porque en Tierra del Fuego el aislamiento empezó antes) y 15 días de enero, en los que habíamos parado la producción desde el 20 de diciembre. Es decir, sólo operamos 15 días de enero y hasta el 28 de febrero. Todo lo demás se perdió. Y, en el segundo semestre, estuvimos la mitad de mayo parados y el resto, al 50% de la dotación, con sólo seis horas de trabajo. Eso hizo que hubiera costos de fabricación altísimos, con productividad de las plantas muy malas. Hubo momentos en los que llegamos a tener hasta una sola línea productiva por fábrica.
¿La exclusión de la telefonía celular denota algún desconocimiento sobre el régimen fueguino?
Acá no hay una cuestión de color político. Hace 35 años que Mirgor está en el mercado. Nos sirve que le vaya bien a todo el mundo. Estamos deseosos de que, al Gobierno de Alberto Fernández, le vaya bien: el 23% de la empresa es de la ANSeS. Sería muy bueno buscar una mejora del régimen industrial. Está muy bien intentar algo superador y que haya una extensión, con un marco distinto, buscando una industria sustentable. Ahora… destratar un régimen, como se lo hace, sin un conocimiento acabado acerca de cuáles son, verdaderamente, sus virtudes, sus logros, sus inversiones, el grado de tecnificación que tenemos, el nivel de nuestras capacidades… Es, literalmente, tirar a la basura un activo de la Argentina. Es ponerle un precio, de u$s 300 millones o u$s 400 millones, de renuncia fiscal y matar al régimen por ese valor. Eso es no tener un pensamiento estratégico. ¿Se pretende que todo el mundo cultive soja? Hacen falta industrias para el resto de la Argentina. Si no, no hay generación de valor, ni trabajo para la gente.
Todos los gobiernos piensan que, si termina el régimen de Tierra del Fuego, van a recaudar los aranceles por los productos que vengan de China. Y no van a venir de China, sino de Brasil y México, con los que hay acuerdos de arancel cero. Ni un centavo más van a recaudar y, encima, dejan gente en la calle.
Si hubo un gobierno hostil con el régimen de Tierra del Fuego, fue el anterior. Y fue uno en el que tuvo especial influencia uno de los accionistas de la compañía.
Digan lo que digan, nunca nadie ayudó a Mirgor, ni a Tierra del Fuego. Mucho menos, el Gobierno de (Mauricio) Macri. Si alguien nos tiró a matar, fue él. Soy muy crítico de su gobierno. Lo mío es apolítico. Ni (Francisco) Cabrera, ni (Dante) Sica, pero tampoco (Matías) Kulfas, se tomaron el trabajo de venir un día a la Isla y recorrerla, ver qué es esto. ¿Vos podés apagar un polo productivo por Zoom, como si fuera un joystick? No: hay que ir, ver qué tenés, mejorar lo que se hace mal, poner en línea al que esté afuera… Pero la planta más moderna de autorradios de Pioneer en el mundo es nuestra. Tenemos los mejores estándares de calidad de Samsung en el mundo. Generamos módulos electrónicos que nos compran empresas como Volvo. Fiat nos reconoció como uno de sus mejores proveedores en el mundo. Desarrollamos nuestro propio software, tras la compra de Famar.
Lo que hicimos con los respiradores, por ejemplo, no tiene antecedentes. Desarrollamos la línea de cero en 90 días. Pusimos u$s 500.000, no ganamos un centavo (porque está al costo) y tampoco entró al régimen industrial porque Producción no lo reconoció. Fue una acción exclusivamente para ayudar al Gobierno actual. La Argentina habría estallado ni hubiéramos metido esos 1000 respiradores. ¿Viste a alguna autoridad diciendo alguna palabra? En cambio, se anuncia la fabricación local de tapabocas o de paracetamol. O se inaugura una línea de heladeras por quinta vez en dos años.
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