Hacía justo un mes que las islas habían sido tomadas, cuando el 2 de mayo Eulogia Rodríguez oyó el ruido de alguien que golpeaba las manos en la puerta de su casa, en un barrio de clase trabajadora de Almirante Brown. Era el cartero, que le entregó un telegrama. Desde hacía varios días que Eulogia esperaba noticias de su hermano Macedonio, que cumplía el servicio militar.
Macedonio es uno de los 88 soldados que fueron identificados el año pasado en el cementerio argentino de Darwin, donde hay 121 tumbas que permanecían sin identificación. En los próximos meses, esos caídos en la guerra tendrán una placa con su nombre.
Unos veinte días antes, Rodríguez se había incorporado al Regimiento 7 de Infantería Mecanizada, en La Plata, y su familia dio por descartado que él estaba destinado en esa ciudad. O a lo sumo en otra localidad cercana. Pero cuando Eulogia entró a su casa y abrió el telegrama delante de sus padres, todos se quedaron estupefactos con el contenido: Macedonio les escribía desde las Malvinas.
Rodríguez tenía tres meses de edad cuando su familia se trasladó desde su natal San Luis del Palmar, en Corrientes, a Lomas de Zamora, en la Provincia de Buenos Aires. Poco después se corrieron a Almirante Brown, donde se instalaron en Barrio Lindo. De carácter alegre y bromista, Macedonio pasó una infancia muy feliz junto a sus padres y seis hermanos.
En los veranos, la familia volvía a Corrientes. Allí Macedonio aprendió a tocar chamamés en el acordeón. Por fin, su padre, Francisco, le compró un instrumento. Entonces Macedonio, junto con sus hermanos y un primo, formó un conjunto musical: Los hermanitos Rodríguez, que alegraba las fiestas familiares.
Después de cursar sus estudios primarios, Macedonio ingresó a trabajar en la carpintería de un familiar, donde se especializó en el lustre de los muebles. De su padre también aprendió los rudimentos de la albañilería. Entre el acordeón, la carpintería y la albañilería transcurría la vida apacible y alegre de Macedonio, cuando a los 19 años debió viajar a las islas.
Toda la familia quedó quedó shockeada por el inesperado telegrama. Un familiar que visitaba la casa exclamó \"¡Jesusmaría!\", una expresión \"bien de campo\", recordó Eulogia de ese momento espantosamente indeleble. Pero quien peor acusó la noticia fue Francisco, que sufría de un cáncer de estómago muy agresivo. Desde las islas, Macedonio mandó varias cartas, que denotaban un ánimo fluctuante y exhortaban a su familia para que conservara la unidad y la fuerza.
Cuando, ya firmada la rendición, los Rodríguez conocieron la noticia de que las tropas del Regimiento 7 volverían a La Plata, fueron a recibir allí a Macedonio. En una noche húmeda y fría, esperaron junto a muchas otras familias en la puerta del cuartel. Habían preparado una pancarta: \"Mace, acá estamos: ¡bienvenido!\". Pero cuando salieron todos los soldados, Macedonio no apareció. \"Quizás nos desencontramos\", pensó su familia.
\"Entonces comenzó una verdadera pesadilla\", recordó Eulogia, que detalló la odisea de la búsqueda de Macedonio. En demanda de precisiones, Francisco fue a Campo de Mayo, donde le dijeron que para ingresar debía vestir con corbata. Consiguió una y volvió. Pero no obtuvo ninguna información. En otra repartición militar, a su madre, María Inés, la atendió un oficial que durante la conversación apoyó su arma sobre el escritorio.
Los vecinos de los Rodríguez colaboraron juntando plata para que un hermano de Macedonio viajara al sur del país a buscarlo en los hospitales. Pero las indagaciones en Río Gallegos y Puerto Madryn resultaron inútiles.
Por fin, en diciembre de 1982 el Estado emitió la partida de defunción de Macedonio, que cayó en la Batalla de Monte Longdon. Al año siguiente murió Francisco, hundido emocionalmente. María Inés viajó a las islas en 1999, y Eulogia en 2000. \"Con la identificación nos pusimos a llorar de tristeza, pero también de alivio: ahora tenemos la satisfacción de saber dónde está Macedonio\".
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