La crisis que atraviesa el comercio local volvió a pegar de lleno en un rubro esencial: las panaderías. Juan Ferrigno, dueño de la panadería Ferrigno, describió un escenario que combina baja fuerte en la demanda, facturas de servicios cada vez más pesadas y una cadena de pagos que se vuelve difícil de sostener.
Según contó, el cierre de 2025 dejó un saldo negativo. “Terminamos el 2025 con muchas deudas”, relató. El inicio de 2026 trajo un breve respiro, pero el alivio duró poco: a mediados de enero, dijo, las ventas se desplomaron y el negocio volvió a quedar contra las cuerdas.
En su caso, el problema se agrava por una doble carga: alquila el local y también la vivienda. “No tengo casa propia, entonces dejar de trabajar no es una opción”, planteó, al explicar que cualquier interrupción impacta de inmediato en su capacidad de afrontar alquileres y compromisos básicos.
Ferrigno detalló que hoy el foco está puesto en “aguantar” el mes: sueldos, alquiler, luz y gas se llevan casi todo. Incluso confesó que tuvo que desprenderse de bienes personales para poder cumplir con sus trabajadores y evitar atrasos mayores. La dinámica diaria, describió, se volvió una carrera de equilibrio permanente: pagar una parte, patear otra, y después lidiar con intereses y recargos por mora.
Lo que más le llamó la atención es que no se trata de un mal momento aislado. Tras varios años de actividad, dijo que es la primera vez que siente un nivel de presión así de sostenido. Y aseguró que la situación se repite en conversaciones con colegas y proveedores: muchos están igual y otros, incluso peor.
En ese contexto, admitió que la idea de cerrar o vender el emprendimiento aparece como posibilidad, aunque por ahora intenta resistir. Explicó que la decisión no es solo económica: hay familias que dependen del trabajo cotidiano y, por eso, el objetivo es sostener el negocio el mayor tiempo posible.
Para no quedarse esperando al cliente que entra al mostrador, el sector empezó a buscar alternativas. Ferrigno contó que se están organizando a través de grupos de WhatsApp para ofrecer productos, promociones y salir a “buscar” ventas de otra manera, algo que antes no era necesario con la misma intensidad.
Con enero y febrero históricamente flojos, este verano se siente todavía más pesado. Entre una boleta alta de gas, la caída de consumo y la dificultad para reponer mercadería, el comerciante resumió el panorama con una frase: “No alcanza para todo”. Su testimonio expone una realidad que se multiplica en distintos rubros y vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de las pymes en el actual escenario económico.
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