La pandemia del covid-19 impactó tanto el modelo de negocios de las empresas como la gestión de su capital humano. De pronto, y sin tiempo para diseñar la mejor estrategia, muchas compañías, obligadas a cerrar sus oficinas para cumplir con las normativas de aislamiento y prevenir el contagio del coronavirus, tuvieron que implementar el trabajo remoto.
En poco tiempo se tuvieron que rediseñar las políticas de teletrabajo para adaptarse a esta modalidad que, si bien no era nueva, se masificó de manera acelerada. Se hizo necesario acomodar horarios, agendar reuniones virtuales y facilitar el acceso remoto a ciertas herramientas y a plataformas que albergan información necesaria.
También se redefinieron las metodologías para dar cumplimiento a los plazos de cada tarea y la concreción de operaciones con los clientes. Sin embargo, en esa carrera, un factor que pudo haber sido descuidado fue el de la seguridad de los datos confidenciales.
Según el Reporte Global de Fraude y Riesgo 2019, publicado por Kroll, más del 84% de los ejecutivos reportó que sus compañías fueron víctimas de fraude corporativo y el 23% dijo que lo ha sido a nivel interno, pero esas cifras podrían incrementarse en medio de esta coyuntura.
Situación atípica
¿Por qué la pandemia podría ser la tormenta perfecta que facilite la proliferación del fraude? El mayor riesgo se vislumbra hoy en que las personas trabajan en una situación atípica para la cual pueden no haber sido capacitadas correctamente, lo que las deja más expuestas a potenciales fraudes.
Muchos ciberdelincuentes aprovechan este contexto para redoblar sus esfuerzos en modalidades como el phishing, que consiste en el envío de mails supuestamente remitidos por personas o entidades de confianza y que contienen un enlace que, de ser utilizado, puede permitir el acceso externo a datos personales.
Lo cierto es que, según hemos podido comprobar, los atacantes ponen cada vez mayor atención en crear correos electrónicos de apariencia confiable, utilizando incluso logos y formatos corporativos reales. Es por eso que no se debe acceder a ningún link enviado por correo electrónico a no ser que se esté completamente seguro de su autenticidad.
Otro factor que debe considerarse es que las computadoras de uso hogareño no suelen tener defensas tan sólidas frente a ciberataques como las corporativas, de la misma forma en que las conexiones a internet que usamos pueden también ser más fáciles de vulnerar que las utilizadas por las empresas.
Por esos motivos, si las compañías desean preservar mejor la información de sus colaboradores, deben poner atención a que utilicen computadoras con antivirus actualizados y que sus conexiones cumplan con determinadas medidas de seguridad.
Estos son apenas algunos de los riesgos en materia de seguridad de los datos sensibles que el contexto de trabajo remoto implica para las empresas. Por esa razón, hoy más que nunca, deben ser conscientes de sus vulnerabilidades frente a la posibilidad de fraudes y, acorde con eso, empezar a monitorear de forma exhaustiva todos los procesos que se realizan a distancia.
La capacitación constante a todos los colaboradores es otra de las formas que tienen las compañías para reducir el riesgo de potenciales fraudes. El conocimiento profundo de las herramientas que se utilizan y la consciencia de las amenazas a las cuales se exponen hacen que los empleados tengan mayores chances de evitar ser víctimas de ciberataques.
La implementación de estas acciones no solamente garantizará una mayor protección frente a fraudes en el contexto de la pandemia, sino que generará una base de conocimiento que resultará en empresas más protegidas de cara al futuro.
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