La dificultad para sostener el pago de deudas comenzó a reflejarse con fuerza en el sistema financiero argentino. Durante enero de 2026, la morosidad en créditos bancarios y tarjetas alcanzó el 10,3%, un porcentaje que marca el nivel más elevado en casi veinte años y que expone el deterioro de la capacidad de pago de hogares y empresas.
El informe difundido por el Banco Central mostró además que el problema se agravó con rapidez. En enero de 2025, el incumplimiento era de apenas 2,67%, mientras que en diciembre del año pasado ya había escalado al 9,3%. En solo un mes, la mora sumó otro punto porcentual, confirmando una tendencia de fuerte empeoramiento.
Dentro de ese escenario, los préstamos personales aparecen como el segmento más golpeado, con una incobrabilidad del 13,2%. También se observó un incremento entre las empresas, donde la morosidad pasó de 0,77% un año atrás a 2,8% en la actualidad. A la vez, el saldo de financiaciones al sector privado en situación irregular llegó al 6,4% del total, el registro más alto desde comienzos de 2005.
El fenómeno no se limita a los bancos. En el universo de prestadores no bancarios, como billeteras virtuales y cadenas comerciales, la situación luce todavía más delicada. De acuerdo con estimaciones privadas, la mora en ese sector saltó de 7,4% a 23,9% entre noviembre de 2024 y enero de 2026, lo que implica que cerca de uno de cada cuatro créditos ya presenta inconvenientes de cobro.
Pese a este cuadro, el Banco Central sostuvo que el sistema financiero mantiene fortaleza y capacidad de respuesta. Según remarcó, los niveles de liquidez, previsiones y capital siguen siendo sólidos, por lo que descartan un riesgo estructural para los bancos. Analistas privados, en tanto, atribuyen este salto de la mora al efecto acumulado de las altas tasas de interés aplicadas en 2024 y parte de 2025, que encarecieron las cuotas y dejaron a muchas familias atrapadas en deudas cada vez más pesadas en un contexto de desaceleración inflacionaria.
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