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El misterioso piano que toca La Cucaracha sobre el asfalto patagónico en Piedra del Águila

El camino que une las ciudades de Neuquén y Bariloche se caracteriza por la espectacularidad del paisaje, con figuras erosionadas por el viento a lo largo de las eras geológicas yobras como la represa de El Chocón y su lago artificial Ramos Mexía, de más de 800 kilómetros cuadrados, y los rescates paleontológicos en una de las zonas más prolíficas en materia de hallazgos prehistóricos.

Pero en esos kilómetros de estepa patagónica que se extienden hasta llegar a la zona cordillerana, la vista no es el único sentido a estimular. Al pasar por el kilómetro 1449 de la Ruta Nacional 237, mano a los Andes, los viajeros se sorprenden cuando, de pronto, escuchan la melodía de La Cucaracha que emerge debajo de sus autos.

Piedra del Águila, música en el camino.
Unas corcheas gigantes estampadas en blanco sobre el asfalto anticipan que, unos metros más adelante, llegará un “solo para ruedas derechas” que suena por efecto de la vibración de las líneas pintadas horizontalmente en el pavimento.
“La Cucaracha” está a pocos kilómetros de Piedra del Águila, una ciudad de alrededor de 5.000 habitantes edificada alrededor de un accidente rocoso, que es un paso obligado para cientos de miles de egresados y turistas que viajan a Bariloche.


Fuentes oficiales confirmaron que el “asfaltófono” de Piedra del Águila es una iniciativa de Vialidad Nacional que, al menos por ahora, se puso en práctica solamente en la provincia de Neuquén. Se trata de la una experiencia piloto cuyo funcionamiento está en etapa de evaluación, dijeron.
“Es una idea que se trae de Europa donde se usa principalmente en rutas que pueden ser monótonas para los conductores, para evitar los accidentes generados por el cansancio”, explicaron desde el organismo encargado de la construcción y el mantenimiento de los caminos nacionales.


Vialidad Nacional desarrolla esta primera experiencia en la zona de Piedra del Águila .
“Un día de enero, en medio de la pandemia, nos encontramos con esa novedad en la ruta”, contó a Télam Pamela González, coordinadora de Turismo de la municipalidad de Piedra del Águila, quien en ese momento comenzó a buscar información.

“Realizamos un registro fotográfico del lugar, para poder incluir la existencia de ‘el piano del kilómetro 1.449’ entre las informaciones que se brindan a los viajeros”, relató.

En el perfil de Facebook del área de Turismo municipal se recomienda transitar a la velocidad indicada para la zona (el dispositivo está instalado a la salida de un área urbana) para escuchar el fragmento de la canción, ícono de los años de la insurgencia mexicana, de la mejor manera posible.


Asfaltófonos
Tal como indicaron desde Vialidad Nacional, existen antecedentes del uso de señales sonoras como elemento de seguridad vial en otras partes de mundo. Las bandas blancas más conocidas son las que, además de servir como marcas de señalización horizontal, pueden presentar relieves que transmiten temblores a través de las ruedas para alertar sobre posibles peligros.


A esas funciones se suma el uso de vibraciones que generan melodías si los autos circulan a menos de la máxima permitida. El objetivo es invitar a los automovilistas a disminuir la velocidad sin apelar a carteles intimidatorios. Todo indica que la idea es ofrecer un premio musical y no amenazar con el castigo de una multa.


El primer país en utilizarlos fue Dinamarca que en 1995 creó la primera carretera musical y la llamó Asphaltophone. Posteriormente ese tipo de instalaciones se extendió a rutas de Japón, China, Corea del Sur y Estados Unidos.

Además de pensar en la seguridad vial, hubo quienes vieron la posibilidad de sacarle el jugo a la idea a través de propuestas publicitarias y en 2008 la automotriz Honda utilizó esta tecnología para promocionar su modelo Civic. Para ello instaló en una ruta de Lancaster, California, una señalización musical perceptible cuando los autos no sobrepasaban los 55 kilómetros por hora.


Musical Road en Lancaster, California
En abril de 2018, los habitantes de la localidad holandesa de Jelsum se unieron para terminar con lo que consideraban una pesadilla.

Las autoridades habían invertido 80.000 euros para instalar un tramo de bandas rugosas “musicales”, que hacían sonar el himno de la región holandesa de Friesland si los autos pasaban sobre ellas a menos de 60 kilómetros por hora.
La novedad dio paso al fastidio de los vecinos que escuchaban día y noche los acordes disparados por el tránsito.Después de una serie de protestas las bandas sonoras fueron retiradas.

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