El último balance de
La Anónima encendió señales de alarma por un dato que creció con fuerza: el volumen de
créditos incobrables asociados a sus tarjetas y financiamiento propio. La empresa informó que esa cuenta trepó a
$19.255 millones, muy por encima de los
$2.830 millones del período previo, un salto que refleja el deterioro del pago de los consumidores.
Detrás de esos números aparece una postal repetida en muchos hogares: compras sostenidas con crédito, pero con dificultades crecientes para cumplir con los vencimientos. La división financiera de la cadena —la que ofrece financiación directa para consumir en sus locales— es la que más siente el quiebre en la cadena de pagos, en un contexto de ingresos ajustados y actividad comercial más fría.
Ese escenario se combina con un retroceso en el movimiento de las sucursales: los registros de ventas mostraron una tendencia descendente en comparación con el año anterior. El enfriamiento del consumo masivo, según el análisis del sector, se explica por la falta de “dinero en la calle”, que empuja a recortar incluso gastos básicos.
Con ese telón de fondo, la compañía reconoce que atraviesa una “crisis económico-financiera” que impacta en su operatoria a nivel nacional. Aun así, desde el entorno empresarial señalaron que, al menos por ahora, no está en riesgo la continuidad de los locales en La Pampa.
En distintas apariciones públicas, el presidente Federico Braun admitió que el momento del rubro es complejo y que la combinación de incertidumbre y pérdida del poder de compra dificulta recuperar los volúmenes habituales de comercialización. Braun, identificado además por su respaldo a las políticas económicas del gobierno de Javier Milei, sostuvo que el panorama sigue siendo desafiante para el consumo.
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