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Vivir acelerados: cómo la ansiedad se disfraza de productividad

En un contexto donde la exigencia cotidiana parece no dar tregua, la ansiedad se convirtió en una palabra cada vez más presente. Sin embargo, no siempre tiene el mismo significado ni el mismo impacto. De acuerdo con la psicóloga Agustina Vidal, es clave diferenciar entre una ansiedad funcional —que puede ser útil— y otra que termina afectando la salud.

Lejos de ser únicamente negativa, la ansiedad puede cumplir un rol adaptativo. Es la que aparece antes de un examen, un viaje o una tarea importante, y permite organizarse, concentrarse y actuar. En esos casos, funciona como un motor que impulsa a resolver situaciones concretas.

Cuando deja de ser útil

El problema surge cuando ese estado deja de ser momentáneo y se transforma en una constante. Según la especialista, hoy muchas formas de ansiedad disfuncional se confunden con productividad o compromiso, en un contexto donde se premia la hiperactividad y la capacidad de hacer múltiples tareas al mismo tiempo.

Este ritmo sostenido genera un nivel de alerta permanente en el organismo. El cuerpo comienza a reaccionar como si estuviera frente a un peligro constante, lo que provoca un aumento prolongado del estrés y afecta tanto la salud física como mental.

Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran el insomnio, la irritabilidad, la fatiga, la dificultad para concentrarse y los dolores musculares. También pueden aparecer pensamientos repetitivos y una sensación persistente de desconexión.

Un problema que afecta a millones

En la Argentina, se estima que 3 de cada 10 personas atraviesan algún tipo de trastorno de ansiedad, lo que refleja la magnitud del fenómeno en la actualidad.

Para explicar este proceso, la especialista utiliza una imagen clara: es como una alarma que nunca se apaga. Al principio puede tolerarse, pero con el tiempo termina generando un desgaste profundo.

La importancia de frenar

Frente a este escenario, los especialistas coinciden en la necesidad de revisar hábitos y prioridades. Dormir bien, hacer pausas y reducir la sobrecarga diaria son acciones fundamentales para regular el sistema nervioso.

Lejos de ser una pérdida de tiempo, el descanso es una necesidad biológica. Herramientas como la meditación, el mindfulness o simplemente bajar el ritmo cotidiano pueden marcar una diferencia.

El mensaje es claro: la ansiedad no siempre es el enemigo, pero cuando deja de ayudar y empieza a afectar la vida diaria, es necesario hacer una pausa y buscar ayuda.

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