La baja en las ventas y el cambio en los hábitos de consumo comenzaron a golpear con fuerza a los pequeños comercios de Río Grande. Así lo manifestó Graciela Cano, propietaria de una panadería familiar, quien aseguró que desde hace más de un año el sector atraviesa una situación compleja y que muchas familias redujeron sus compras al mínimo indispensable.
La comerciante explicó que actualmente los clientes priorizan la compra de pan y dejaron de adquirir otros productos que antes eran habituales. “La gente ya no compra como antes. Antes se llevaba un kilo de pan y facturas para los chicos. Hoy vienen con mil o dos mil pesos y eso es todo lo que pueden gastar”, señaló.
Cano indicó que el deterioro del consumo se viene registrando desde hace más de un año y que el incremento en los costos de producción dificulta aún más la situación. “La harina aumentó y muchos insumos llegan desde Buenos Aires con valores muy altos. Nosotros somos una panadería familiar y trabajamos con lo que vendemos en el día, no tenemos margen para acumular mercadería”, sostuvo.
La comerciante comentó que había preparado una producción especial para el Día del Padre con tortas y otras elaboraciones, aunque las ventas estuvieron muy por debajo de años anteriores. “Antes hacían pedidos con anticipación, compraban desayunos o varios kilos para compartir en familia. Esta vez fue un día demasiado tranquilo”, lamentó.
Según relató, también cambió la forma de pago de los clientes. “Antes nadie usaba la tarjeta para comprar pan y hoy vienen por mil pesos y pagan con QR, transferencia o tarjeta. No hay efectivo en la calle y después de mitad de mes prácticamente no se vende”, afirmó.
Ante la caída de la demanda, la panadería implementó promociones y sorteos para atraer clientes. “Regalamos cosas, sorteamos pelotas por el Mundial y tenemos la promoción de 14 facturas por 12 los domingos y feriados, pero igual cuesta mucho porque para mucha gente las facturas ya son un lujo”, expresó.
La situación también genera pérdidas por la mercadería que no logra comercializarse. Sin embargo, Cano explicó que parte de esa producción es entregada a trabajadores de la fábrica Aires del Sur. “No la tiramos. Se la damos a la gente que la necesita y también ayudamos a los trabajadores de Aires del Sur. Es una pérdida para nosotros, pero por lo menos sirve para acompañar a quienes están pasando un momento difícil”, concluyó.
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