Argentina atraviesa un cambio demográfico de fuerte impacto social. En los últimos diez años, la cantidad de nacimientos cayó un 47% y el promedio de hijos por mujer descendió a 1,2, un nivel que ubica al país entre los territorios de la región con fecundidad ultrabaja.
El dato surge de la edición 2025 del estudio que el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral realiza desde el año 2000. La investigación, elaborada a partir de encuestas a 1.028 adultos de distintas provincias, fue presentada por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad en la previa del Día Mundial de la Población.
Según los registros de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud, Argentina pasó de 777.012 nacimientos anuales a 413.135 en apenas una década. Esta disminución, combinada con una mayor expectativa de vida, acelera el envejecimiento poblacional y abre nuevos desafíos para la organización social, económica y familiar del país.
El informe advierte que la caída no puede explicarse solamente por la situación económica. Si bien las dificultades materiales influyen, el cambio más profundo aparece en el plano cultural: tener hijos dejó de ser visto como un mandato o una etapa obligatoria de la vida adulta.
Uno de los datos más contundentes muestra que la crianza como camino de realización personal cayó a su nivel más bajo. Mientras en 2015 el 77% de los consultados asociaba tener hijos con la felicidad o la plenitud, en la medición más reciente ese porcentaje bajó al 46%.
La distancia es todavía mayor entre los jóvenes. En el grupo de 18 a 34 años, apenas el 34% relaciona la descendencia con la realización personal. Entre quienes no desean ser padres o madres, el principal motivo no es económico: el 57,3% afirma que tener hijos no forma parte de su proyecto de vida.
Otros argumentos también aparecen con fuerza. El 38,2% menciona la falta de una pareja estable, el 32,6% prioriza viajar y el 30,3% señala la necesidad de avanzar en estudios o carrera laboral. Además, un 22,5% plantea que la incertidumbre social, política o ambiental influye en su decisión de no tener descendencia.
Pese a este cambio, el estudio aclara que la familia continúa siendo una de las principales fuentes de felicidad para los argentinos. La transformación, entonces, no implica un rechazo a los vínculos afectivos, sino una modificación en la manera de entender la maternidad, la paternidad y los proyectos personales.
El nuevo escenario marca el fin de una expectativa social que durante décadas fue casi automática. En una Argentina con menos nacimientos y una población cada vez más envejecida, la decisión de tener hijos aparece hoy como una elección individual que compite con otras prioridades de vida.
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