La sensación de que el día no alcanza también puede estar relacionada con pequeños momentos de conexión que se acumulan sin que los advirtamos. Abrir una red social por unos minutos, revisar una notificación y seguir desplazándose entre publicaciones son hábitos que, cuando se repiten, pueden restar espacio al descanso, los vínculos y otras actividades.
El ensayo De Tener el Tiempo: Fantasmagoría del devenir, del observatorio cultural TRAMA, propone mirar ese fenómeno más allá del teléfono. Sus autores sostienen que la actualización permanente y la exigencia de estar disponibles fragmentan la atención y dificultan dedicar tiempo sostenido a lo que sucede fuera de las plataformas. Para María Martín Sidras, una de las coautoras, decir “no tengo tiempo” expresa también una forma de organización social que distribuye de manera desigual las horas disponibles.
Esa desigualdad aparece en las tareas de cuidado y del hogar. Los datos del INDEC citados en el ensayo indican que las mujeres en Argentina dedican, en promedio, 6 horas y 31 minutos diarios al trabajo no remunerado, frente a 3 horas y 40 minutos de los varones. Por eso, la posibilidad de desconectarse o disponer de tiempo libre no es igual para todas las personas.
Desde la salud, los especialistas sugieren prestar atención a lo que ocurre cuando alguien intenta dejar de mirar la pantalla: si le resulta difícil interrumpir el uso y si esa conducta desplaza el sueño, el estudio, el trabajo o los encuentros personales. La Organización Mundial de la Salud describe el uso problemático de redes sociales a partir de señales como la pérdida de control y las consecuencias negativas en la vida diaria. Las investigaciones también advierten que contar horas de conexión, por sí solo, no permite evaluar todos esos efectos. who.int
Frente a ese panorama, las pausas digitales aparecen como una oportunidad para revisar hábitos y recuperar actividades que quedaron relegadas. La cuestión no se reduce a cuánto tiempo se pasa frente a una pantalla, sino a qué lugar ocupa ese uso en cada jornada y cuánto margen deja para descansar, compartir con otros y decidir cómo emplear las propias horas.
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