El flamante ministro de Energía, Javier Iguacel, tendrá como primera tarea negociar con los empresarios del sector el futuro de las tarifas y los combustibles, que quedaron desactualizados por la devaluación. El ex director de Vialidad Nacional no las tendrá fácil: son todos precios atados a la cotización del dólar y las compañías van a pujar para que les garanticen los ingresos en moneda dura que les prometió el Gobierno.
En el caso de las naftas, el Ejecutivo había cerrado un acuerdo con las petroleras que vencerá a fin del mes que viene: las refinadoras aplicaron un precio para el crudo de u$s67 el barril en mayo, y lo subirán escalonadamente a u$s68 en junio y u$s69 en julio, es decir, por debajo del Brent londinense, que ayer cerró a u$s75. Esto regreso al barril criollo buscó morigerar el impacto sobre la inflación tras la liberación de los combustibles, que a los pocos meses Aranguren debió dar marcha atrás por el incremento en el mercado internacional que se combinó con la disparada de la divisa.
En el sector estiman que el atraso en los combustibles está en torno al 30% y argumentan que la estabilización de la cotización del barril de los últimos días les jugó a favor. Pero saben que los consumidores no pueden absorber de una sola vez todo el incremento, más allá de que hasta ahora los ajustes no repercutieron sobre el nivel de ventas, que sigue en crecimiento.
Por cambios impositivos y en el precio del biocombustible las petroleras ya subieron en junio un 5% las naftas y un 4,5% el gasoil, para luego aplicar otra alza del 3% en julio. Pero a fin de ese mes el acuerdo vence y deberán sentarse a negociar para ver cómo hacer el traslado.
Iguacel asumirá el jueves y en el sector están a la expectativa por las definiciones que pueda tomar al respecto el funcionario.
En cuanto a las tarifas, el sendero pautado por Aranguren para el gas luce comprometido. Es que el ex ministro había estimado un valor de u$s4,68 para el millón de BTU en boca de pozo durante este semestre, u$s5,26 en octubre y llegar a u$s6 el año que viene, para recién entonces empezar a descender. Pero con la suba en el tipo de cambio, hoy las petroleras ni siquiera están cobrando en moneda dura lo que se pactó en la última audiencia pública.
El ex CEO de Shell había prometido que el aumento de abril era la última de magnitud, por arriba de la inflación, para luego pasar actualizarse por el índice de precios mayoristas. Pero la corrección del dólar que pasó de $20 a $28 en pocos meses dio por tierra con ese esquema.
En ese sentido, la generación de electricidad también se dolarizó durante la gestión de Aranguren. Y teniendo en cuenta que más del 50% de la matriz energética depende de los hidrocarburos, el traslado de la devaluación será otro tema que deberán poner sobre la mesa las empresas a la hora de sentarse a negociar con Iguacel.
Compartinos tu opinión