Luis Haro recuerda todo lo que ocurrió, identifica a quien le disparó y asegura que además de los dos detenidos de nacionalidad dominicana, hay un tercer involucrado que se encuentra suelto. “Los conozco de haberlos visto”
Después de pocos días de internación, el hombre de 32 años todavía tiene los dos proyectiles todavía en la cabeza, pero según los médicos tuvo una recuperación “milagrosa” y las dos balas quedarán donde están.
“Para mi es una segunda oportunidad, fue muy difícil lo que viví, no se lo deseo a nadie que te peguen dos tiros, es un milagro de Dios y estoy muy agradecido con la Iglesia y con todos, porque si no fuera por ellos hoy yo no estaría acá”, dijo.
Conmovido señaló que “es un milagro de Dios, no queda otra explicación, todos me miran y no lo pueden creer”. “El mismo juez me dijo ´no puedo creer que vos estés vivo´”, agregó.
Haro asegura que recuerda “todo” y con eso se refiere a “cuando me dispararon, cuando me tiré del auto y hasta cuando llegó la ambulancia que me agarró la convulsión, hasta ahí me acuerdo”.
“Vi el arma, cuando me dispararon, y reconocí a la persona que me disparó, porque lo conozco un par de veces lo había visto”.
Sin embargo remarca que de los dos hombres detenidos, si bien están involucrados en el hecho, ninguno de ellos le disparó. “Hay dos detenidos pero la persona que disparó no está detenida, falta uno que lo están cubriendo y que está libre, ese fue el que me disparó”, dice.
Según su relato “yo no estuve en el privado, un amigo me pasó a buscar a mí, pasamos por la misma calle donde está el privado de la Suny y ahí comenzó la persecución, era porque le tenían bronca al otro que andaba conmigo, yo no tenía nada que ver”.
Además indicó que “no dispararon al azar, tiraron a matar, si hubiera sido al azar le hubieran tirado a la rueda pero tiraron dos tiros y los dos dieron en mi cabeza”, agregó.
“Yo estoy bien, como bien y tomo agua, estoy caminando, empecé a mover el cuello y no me duele nada”, dijo.
Por último agradeció “esta segunda oportunidad de vivir y me hace pensar en que si me moría no le iba a poder decir a mi familia que la amaba, quizás fue la fuerza de voluntad y pensar en ellos”.
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