A muchos empleadores les preocupa el uso que sus dependientes le dan al celular y a las redes sociales durante el horario de trabajo.
En algunas circunstancias se trata de una herramienta para cumplir con sus tareas, pero en otras no cumplen una función relevante.
Es que el celular ya no se usa solamente para realizar o recibir llamadas y mensajes de texto, sino también para ingresar a las distintas redes sociales, tomar fotografías o grabar un video y postearlo, entre otras cosas. Y, en ocasiones, hay empleados que se distraen y no prestan atención al cumplimiento de sus obligaciones laborales.
De a poco, se transformó en uno de los principales desafíos de las empresas a la hora de organizar el trabajo, porque comenzaron a generarse tensiones entre los empleados y los empresas.
Y cuando los empleadores quieren sancionar por supuestos abusos, corren el riesgo de hacerlo apresuradamente y sin asesorarse, por lo que esa decisión –que en teoría consideran justa– se puede transformar en un “boomerang” que les termina saliendo muy costoso.
Una de las formas que tienen de cubrirse de futuros reclamos y de tener conocimiento sobre cómo proceder en esos casos es a través de la confección y puesta en rigor de manuales de conducta.
En estos documentos, además de estipular condiciones que hacen al cumplimiento de tareas como el horario de ingreso o vestimenta, es posible aclarar distintas situaciones para evitar reclamos judiciales o, si existieren, permitar a los empleadores salir victoriosos.
Un buen manual debe facilitar a los jefes ejercer el debido control de sus empleados dentro de los límites que brinda la ley. Por eso, se ha convertido en una necesidad imperiosa para el mundo empresario.
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