Uno de los ejes es la idea de salario con partes variables, donde podrían convivir básicos y adicionales sujetos a objetivos, proyectos, premios por desempeño o comisiones. Según el articulado, esos componentes “adicionales” pueden definirse por negociación colectiva, acuerdos de empresa e incluso en ciertos casos por decisión unilateral del empleador, con el objetivo de permitir esquemas retributivos más “adaptables” a distintos sectores y formas de organización del trabajo.
En paralelo, el proyecto modifica la forma de pago de las remuneraciones en dinero: establece que el sueldo debe acreditarse en una cuenta a nombre del trabajador, pero no sólo en bancos. También habilitas cuentas en Proveedores de Servicios de Pago (PSP) autorizados por el Banco Central, lo que en la práctica permitiría que el cobro se haga mediante billeteras virtuales registradas para esa operatoria.
Sobre la posibilidad de cobrar en criptomonedas, el texto no las menciona de manera explícita. Sin embargo, al admitir PSP habilitados por el BCRA como canal de acreditación, algunos análisis interpretan que podrían quedar alcanzadas plataformas cripto que operan con cuentas en pesos (CVU) y están registradas, aunque cualquier implementación concreta dependería de la reglamentación y de cómo se instrumente el pago para cumplir con las normas laborales. Desde el sector, el CEO de Satoshi Tango, Matías Bari, valoró la idea como un paso que “moderniza el sistema de pagos” y reconoce a las billeteras como parte del sistema.
Otro capítulo que reactivó discusiones es el de los beneficios sociales no remunerativos, especialmente comedor y alimentación: el proyecto los define como prestaciones no dinerarias, no canjeables por dinero y fuera de la base salarial, con límites para evitar que funcionen como “sueldo encubierto”. La antecedente pesa: en el pasado, la Corte Suprema consideró que los vales alimentarios debían integrar la remuneración, por lo que el texto intenta blindar la figura y reducir zonas grises.
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