La política institucional de Río Grande empieza a moverse con fuerza tras la decisión de la concejala Lucía Rossi de solicitar una licencia especial por cuatro meses. La medida, que ya ingresó para su tratamiento, ocurre en un contexto de recambios que también alcanzan al Gobierno provincial.
Según se anticipa en ámbitos oficiales, Rossi dejaría momentáneamente su lugar en el Concejo para asumir un nuevo rol en el gabinete fueguino: se prepara para conducir el Ministerio de Desarrollo Social, en reemplazo de Adriana Chapperón. En la práctica, el tipo de licencia presentada alimenta una lectura que va más allá de lo transitorio: dentro del ámbito legislativo local se interpreta como un corrimiento que podría terminar siendo definitivo, priorizando su función ejecutiva.
Con ese movimiento en marcha, la atención se trasladó de inmediato a la línea de sucesión del cuerpo deliberativo. Por orden de lista, quien quedaría en condiciones de ocupar la banca es Verónica Martínez, un nombre que rápidamente instaló debate público por su vínculo familiar con la legisladora provincial Myriam Martínez. En distintos sectores de la comunidad, la situación reavivó cuestionamientos sobre el peso de los apellidos con trayectoria y la permanencia de círculos de influencia dentro del Estado.
Mientras tanto, desde el Concejo Deliberante avanzan con el trámite administrativo para darle curso a la licencia y preparar una sesión extraordinaria. El objetivo sería formalizar el ingreso de la nueva concejala mediante la jura correspondiente y completar la integración del cuerpo sin demoras.
Otro elemento que suma lectura política es el encuadre que tendría Martínez dentro del recinto: pese a su procedencia vinculada al Justicialismo, su incorporación se daría en el bloque oficialista local, lo que refuerza la idea de acuerdos previos y alianzas que atraviesan fronteras partidarias tradicionales.
En un escenario de tensión social por la situación económica y las demandas cotidianas, este reordenamiento no pasó desapercibido. Para muchos vecinos, el recambio vuelve a instalar la discusión sobre renovación dirigencial y transparencia, con una sensación persistente: los cargos parecen circular dentro de un mismo entramado, incluso cuando cambian los nombres y los lugares.
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