Especialistas del Centro Austral de Investigaciones Científicas confirmaron que en la zona creció el registro de cetáceos, en especial de ballenas jorobadas y también de ejemplares de ballena sei. Para la comunidad científica, esta tendencia representa una señal alentadora sobre la dinámica del ecosistema marino fueguino y sobre la recuperación de especies que durante décadas tuvieron escasa presencia en la región.
La ballena jorobada es la especie que aparece con mayor frecuencia en el canal. Su llegada se produce durante el verano austral, cuando estas aguas ofrecen condiciones favorables para la alimentación. Allí encuentran krill y pequeños peces, recursos fundamentales antes de continuar sus desplazamientos migratorios por el Atlántico y el Pacífico sur.
El seguimiento científico permitió avanzar en la identificación de cerca de 200 individuos distintos de esta especie. A través de la fotoidentificación, los equipos de investigación logran reconocer a cada ejemplar por las marcas particulares de su cola, una herramienta que permite reconstruir recorridos, tiempos de permanencia y posibles regresos en distintas temporadas.
En paralelo, también comenzó a advertirse con más frecuencia la aparición de ballenas sei, una especie que había sufrido una fuerte presión por la caza comercial durante el siglo pasado. Su retorno a estas aguas es interpretado por especialistas como parte de un proceso de recuperación poblacional tras la prohibición de esa actividad.
Desde el CADIC-CONICET, la investigadora Natalia Dellabianca explicó que el aumento de los avistajes viene siendo sostenido desde hace aproximadamente una década. Según señaló, los estudios permitieron comprobar que algunos ejemplares vuelven al Canal Beagle en distintos veranos y permanecen allí durante más tiempo del que se creía.
Además del trabajo de campo de los científicos, el monitoreo también se nutre del aporte de la comunidad. Un proyecto de ciencia ciudadana suma fotografías tomadas por residentes, tripulaciones y prestadores turísticos, ampliando así la base de datos sobre los animales que circulan por el canal y fortaleciendo el estudio de sus movimientos.
Los especialistas remarcan, sin embargo, que este crecimiento en la presencia de cetáceos también obliga a extremar los cuidados. Advierten que muchas veces las ballenas se encuentran concentradas en alimentarse o en escapar de depredadores naturales, por lo que resulta clave evitar conductas humanas que alteren su comportamiento.
En este escenario, el Canal Beagle se afianza no solo como un espacio privilegiado para el avistaje de fauna marina, sino también como una zona estratégica para comprender la salud del ambiente subantártico. El regreso de estos gigantes del mar entusiasma al turismo, pero al mismo tiempo ofrece una oportunidad científica valiosa para seguir de cerca los cambios del ecosistema en el fin del mundo.
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