Después de 14 horas de sesión, el oficialismo consiguió aprobar en el Senado de la Nación Argentina el proyecto de reforma laboral impulsado por Javier Milei, en una votación que cerró con 42 votos a favor y 30 en contra.
El resultado se alcanzó con el acompañamiento de bloques “dialoguistas” y buena parte de la oposición no peronista, pero con una condición central: el texto terminó llegando al recinto con numerosas modificaciones que se siguieron ajustando incluso mientras avanzaba el debate.
De hecho, el Gobierno aceptó cambios de último minuto para sostener la mayoría, entre ellos la continuidad del “aporte solidario” a los sindicatos como contribución obligatoria, uno de los puntos que había generado tensión en la negociación final.
Un proyecto con artículos sensibles y un choque de argumentos
Los tironeos no fueron menores: la iniciativa de “modernización laboral” incluye ajustes sobre aspectos delicados como salarios, vacaciones, indemnizaciones, licencias por enfermedad y el peso de los convenios colectivos, que pasarían a tener menos centralidad frente a acuerdos por empresa o por región.Con ese telón de fondo, la discusión en el recinto quedó marcada por dos posturas bien definidas: desde La Libertad Avanza y sus aliados sostuvieron que el paquete apunta a “actualizar” reglas y a impulsar empleo registrado, mientras que el bloque peronista/kirchnerista advirtió que el cambio implicaría abaratar despidos y recortar derechos.
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