Un grave episodio ocurrido durante el fin de semana en la Misión Salesiana de Río Grande volvió a poner en evidencia una problemática que se arrastra desde hace años: los ataques de perros asilvestrados y la falta de respuestas estructurales para contenerlos. El saldo fue devastador: 120 corderos muertos y decenas de animales heridos, con un impacto que va mucho más allá de lo productivo.
Mauricio Hoyos, referente del establecimiento afectado, describió con crudeza el escenario que dejó el ataque. “También hay que considerar más de 50, 60 animales que están muy lastimados, que vamos a hacer el intento de recuperarlos. No es para comer, matan y nada más”, afirmó, al explicar que muchos de los ejemplares quedaron en estado crítico y requieren atención urgente.
Las consecuencias alcanzan distintos planos. Además del fuerte golpe económico para la producción ovina, el hecho repercute en lo educativo y social, ya que la Misión Salesiana cumple un rol histórico en la formación y el acompañamiento de la comunidad. La escena de los corrales vacíos y los animales mutilados refleja una situación que se repite en distintos puntos de la provincia y que sigue sin un abordaje integral.
El ataque volvió a encender el reclamo por políticas públicas concretas que permitan prevenir estos episodios, controlar la población canina y proteger tanto a los productores como al entorno rural. Mientras tanto, quienes trabajan en el lugar intentan recuperar a los animales sobrevivientes y recomponer, en medio del dolor, un daño que deja al descubierto una deuda pendiente del Estado.
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