La situación de los kioscos de barrio empieza a mostrar señales concretas en el día a día: ya no se habla solo de “crisis”, sino de persianas que bajan. En diálogo con FM del Pueblo, el comerciante Schreiber aseguró que el cierre de locales se volvió visible en las últimas semanas y lo atribuyó a un escenario económico que no deja aire.
“Desde que volví de vacaciones ya hay tres kioscos que cerraron”, contó, tras conversar con proveedores. Y explicó que, en la mayoría de los casos, no se trata de una decisión repentina: cerrar llega cuando el negocio ya está asfixiado. “Muchos terminan bajando la persiana endeudados, para no seguir acumulando deudas”, resumió.
Uno de los golpes más fuertes, dijo, es la baja sostenida en las ventas. Incluso con intentos de ajustar precios o hacer promociones, hay mercadería que directamente queda inmóvil. “Hoy, por más que bajemos los precios, hay productos que no se venden”, planteó, y apuntó al factor central: la gente llega con menos dinero al mostrador. “El poder adquisitivo cada vez es menor y eso se nota todos los días”, añadió.
En paralelo, se profundiza otro problema clásico del rubro: el fiado. Schreiber sostuvo que antes muchos kiosqueros podían “aguantar” un poco más anotando compras, pero que esa práctica se volvió casi imposible. La demanda de los clientes crece, pero los comercios también están al límite y sin espalda financiera para sostenerlo.
A los ingresos en caída se le suman los costos fijos que no dejan de subir. Según describió, los aumentos en servicios y cargas mensuales obligan a remarcar, aunque esa salida tiene un techo muy bajo. “Cuando te suben la luz, el gas, el agua y los impuestos, no te queda otra que remarcar”, explicó. Sin embargo, advirtió que subir precios tampoco garantiza alivio: “Si aumentás el margen, no vendés”.
Consultado por medidas oficiales, fue crítico con el reparto de beneficios. Afirmó que los kioscos no recibieron alivio fiscal y que las ventajas se concentraron en los grandes contribuyentes. “No bajó ningún impuesto para los kioscos; los beneficios fueron para los grandes”, sostuvo, y remarcó que el pequeño comerciante sigue pagando las mismas cargas.
Al final, dejó una reflexión sobre el clima social y la resistencia cotidiana: dijo que le sorprende “el aguante” de la gente, aunque reconoció que no sabe cuánto tiempo más se podrá sostener este nivel de desgaste. Mientras tanto, los kioscos de barrio intentan mantenerse abiertos, con cada vez menos margen y más incertidumbre.
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