Durante 17 años, Manuel Márquez, un antiguo poblador de Río Grande, luchó para que el terreno lindero al Museo Municipal Virginia Choquintel sea preservado como parte del patrimonio histórico y cultural de la ciudad. Sin embargo, su esfuerzo quedó trunco al conocerse que el predio fue cedido para la construcción de un sindicato y una clínica para los trabajadores de Vialidad Provincial.
Márquez, de 78 años, dio a conocer su sentimiento de “tristeza y desilusión” ante esta decisión. A través de distintos medios locales, sostuvo su reclamo durante más de una década y media, presentando notas, gestionando reuniones y difundiendo públicamente la importancia del espacio para la identidad de Río Grande. “Por momentos logré avanzar, pero los pocos pasos que daba después quedaban cajoneados”, lamentó.
Una historia de compromiso con la memoria local
En su carta pública, Márquez recordó que nació en el antiguo hospital del Batallón de Infantería de Marina Nº 5 y que toda su vida transcurrió en la ciudad. “Siempre creí que preservar nuestras raíces era también una forma de proyectarnos hacia el futuro”, expresó.Relató que en 2008 comenzó a gestionar la incorporación del terreno ubicado en Rivadavia y Alberdi, junto al Museo Virginia Choquintel, proponiendo recuperar el acceso original del museo, el único sector construido en mampostería que aún se conserva desde los años cuarenta. En el lugar funcionaba la Asociación Rural de Río Grande, fundada en 1949, donde se realizaban eventos rurales y actividades comunitarias.
En febrero de 2009, Márquez presentó una nota formal ante autoridades provinciales solicitando que el terreno pase a la órbita municipal para su integración al museo. Tres años después, el Concejo Deliberante emitió la Resolución 009/2012, que acompañaba su pedido, pero nunca se ejecutó.
Un reclamo sostenido durante años
A lo largo del tiempo, Márquez insistió mediante artículos, gestiones y acciones simbólicas, como la colocación de una pancarta en el sitio en 2023, con el objetivo de visibilizar su reclamo. “No era un reclamo personal, sino un gesto hacia la historia colectiva, hacia ese museo que guarda tantas memorias del pueblo”, explicó.Su propuesta era sencilla: recuperar el acceso histórico, parquizar el terreno y preservar una vivienda antigua como símbolo de otras épocas. Sin embargo, recientemente se enteró de que el terreno fue cedido para otros fines.
“Me duele ver cómo se pierden los lugares que cuentan nuestra historia. Es fácil hablar de ‘poner en valor’, pero hacerlo de verdad es proteger la memoria y respetar la identidad del pueblo”, expresó con pesar.
Un pedido por la memoria colectiva
El antiguo poblador insistió en que su reclamo no busca confrontación, sino reflexión. “No puede haber tierra de nadie. Yo solo quiero que se cuide lo que nos pertenece como comunidad. Que hablen de mi Río Grande, pero con hechos, no con promesas”, concluyó.Márquez se convirtió en un símbolo de la lucha ciudadana por la preservación del patrimonio histórico, recordando que la historia de una ciudad no se mide solo por su crecimiento, sino también por su capacidad de proteger los espacios que la vieron nacer.
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