En los últimos años se volvió cada vez más frecuente el avistaje de ballenas en el Canal Beagle, incluso en sectores cercanos a la bahía de Ushuaia. El fenómeno comenzó a ser observado con mayor regularidad por investigadores, navegantes y vecinos de la ciudad, que en distintas épocas del año registran la presencia de estos grandes cetáceos muy cerca de la costa.
La doctora en Ciencias Naturales, licenciada en Biología e investigadora del CADIC-CONICET, Natalia de la Bianca, explicó que si bien la presencia de ballenas en la región no es completamente nueva, en los últimos años se han registrado episodios en los que los animales se acercan con mayor frecuencia a la bahía de Ushuaia.
Las declaraciones fueron realizadas en comunicación con FM Ushuaia, donde la especialista detalló que en particular se ha observado la presencia de ballena sei, una especie que en determinados momentos se aproxima a zonas muy cercanas a la ciudad.
De la Bianca aclaró que este tipo de avistajes no ocurre de la misma manera todos los años, pero señaló que en algunos períodos se han observado grupos de ballenas dentro de la bahía. “Hay años en los que vemos más animales y otros en los que se observan menos, pero en los últimos tiempos se registraron casos en los que se acercan bastante al centro de Ushuaia”, explicó.
La investigadora indicó que una de las principales hipótesis que manejan los científicos para explicar este fenómeno es la recuperación de las poblaciones de ballenas, luego de décadas de protección internacional tras la prohibición de la caza comercial que había llevado a muchas especies al borde de la extinción.
En ese sentido, explicó que las ballenas están volviendo a ocupar zonas que históricamente formaban parte de sus áreas de alimentación, entre ellas el Canal Beagle y otros sectores de los canales fueguinos.
“Las poblaciones se están recuperando y los animales vuelven a lugares donde antes se alimentaban. El canal Beagle era un área de alimentación previa a la época de la caza de ballenas”, sostuvo.
La especialista explicó que en estas aguas los cetáceos encuentran alimento suficiente para permanecer durante determinados períodos. Entre las principales presas mencionó la langostilla y la sardina fueguina, especies que forman parte de la base de la cadena alimentaria en la región y que también son consumidas por aves marinas, lobos marinos y otros animales.
Según indicó, el Canal Beagle, el Estrecho de Magallanes y los canales fueguinos podrían formar parte de una gran área de alimentación compartida, por lo que las ballenas se desplazarían dentro de esa región en función de la disponibilidad de alimento, las condiciones ambientales o incluso la intensidad del tráfico marítimo.
De la Bianca explicó además que aún existen muchas preguntas abiertas sobre el comportamiento de estos animales en la región. Una de las líneas de trabajo que se desarrolla actualmente es la identificación individual de ejemplares, especialmente en el caso de las ballenas jorobadas, que pueden reconocerse por el patrón único de su aleta caudal, similar a una huella digital.
Gracias a este método, los investigadores pueden determinar si los mismos ejemplares regresan año tras año al canal Beagle o si se desplazan entre distintas zonas del sur de Chile y Argentina.
“Tenemos animales identificados desde 2018 que volvieron varios años seguidos, mientras que otros aparecen un año, luego desaparecen durante un tiempo y después vuelven a registrarse”, explicó.
En ese marco, la científica destacó la importancia de avanzar en el intercambio de información con investigadores chilenos, con el objetivo de comparar catálogos de identificación y comprender mejor cómo se mueven los cetáceos dentro de toda la región austral.
Otro aspecto que genera interés es el impacto ecológico de estos animales dentro del ecosistema marino. Según explicó De la Bianca, las ballenas cumplen un rol importante en el funcionamiento del océano, ya que contribuyen al traslado de nutrientes y materia orgánica.
Además, al encontrarse en niveles altos de la cadena alimentaria, también funcionan como indicadores de la salud del ecosistema, ya que su presencia suele reflejar condiciones ambientales favorables y disponibilidad de alimento.
La investigadora también señaló que, con el aumento en los avistajes, es fundamental promover prácticas responsables de observación, tanto para proteger a los animales como para evitar situaciones de riesgo para las embarcaciones.
En ese sentido, recordó que existen disposiciones de la Prefectura Naval Argentina que establecen distancias mínimas de acercamiento a los cetáceos, además de recomendaciones destinadas a garantizar un avistaje seguro.
Finalmente, destacó que la presencia cada vez más frecuente de ballenas en el Canal Beagle podría representar también una oportunidad para el desarrollo de nuevas actividades vinculadas al turismo de naturaleza, siempre que se realicen bajo criterios de cuidado ambiental y respeto por las especies.
“Lo importante es entender que estos animales forman parte del ecosistema y que su presencia también nos habla de la salud del mar que tenemos”, concluyó.
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